Las dos orillas

josé Joaquín / león

Las tentaciones de Pedro

UNO de los grandes enigmas políticos del nuevo curso será la evolución del PSOE. Su lugar tradicional como partido más representativo de la izquierda española está amenazado por Podemos, según las últimas encuestas. La llegada de Pedro Sánchez (bajo el amparo andaluz de Susana Díaz) se ha notado hasta ahora en la proliferación de camisas blancas, y en poco más. Pero, en los próximos meses, aparte de las primarias y las listas municipales, Pedro tomará decisiones que marcarán su devenir como líder y condicionarán el futuro de su partido, que es difícil. Arriesgadamente difícil, se puede añadir, pues si el PSOE se hunde tras las elecciones de 2015, en España habrá un problema (o varios), y no sólo por el lado de la izquierda.

La principal tentación que deberá resolver Pedro frente a Pablo es el camino que recorre, si el de la evolución de una izquierda racional y moderna, o imitar la demagogia de las coletas al viento y que salga el sol por Venezuela. Hasta ahora juega como si no quisiera enseñar las cartas. Puede que esté en una fase de tanteo, que no es lo mismo que de tonteo. Tiene el inconveniente de la geografía y la historia.

En la geografía, se observa que los partidos socialistas estuvieron en el origen de la crisis en Grecia, Portugal y España, y que no se lo han perdonado. En Grecia, el Pasok lo pagó perdiendo el liderazgo de la izquierda, que se ha entregado a Syriza, en la que se inspira Podemos. A ello se suma que en las grandes naciones europeas no les va mucho mejor: en Francia, Hollande gobierna, pero adopta medidas impopulares que le hacen pasar por su peor momento; y en Alemania, el SPD es ahora un socio preferente de la señora Merkel.

Felipe González, que es la cabeza más lista que aún le queda al PSOE (conoce su historia y sabe lo que hay), planteó unas insinuaciones de pactos con el PP sobre las que después se desdijo. Pero es posible que, no siendo lo más conveniente para ambos partidos, en algún momento se articule como un mal menor. Hablar de eso es aventurado y remoto, pero dependerá de la evolución política de este país, que atraviesa un momento de espejismos.

Las tentaciones de Pedro, para ir a lo fácil y subirse al carro del poderío truculento, se deben sopesar con el efecto boomerang que tendría para el PSOE. Aquí se puede repetir lo de Grecia, que no es precisamente un país para envidiar, ni para imitar en esta etapa de la historia.

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