La esquina

josé / aguilar

El tercer partido

AUN rehuyendo el muy arriesgado ejercicio de la extrapolación y admitiendo que Ciudadanos no va a lograr en ningún otro sitio de España los resultados que tuvo el domingo en Cataluña, el 27-S ha catapultado al partido fundado por Albert Rivera a un lugar de privilegio en la política nacional. De privilegio e influencia, tal vez decisiva.

Sobre todo, en relación con Podemos y la rivalidad que mantienen ambos por convertirse en el tercer partido de la democracia española. Frenada la caída del bipartidismo, pero confirmado que sus usufructuarios (PP y PSOE) descartan sus propias mayorías absolutas, queda automáticamente realzada la importancia de la fuerza que resulte tercera el 20 de diciembre.

Después de las elecciones europeas de 2014, Podemos parecía destinado a encarnar este papel tercerista. Ya no. En cuanto han entrado en las instituciones, se han ensuciado las manos con la política cotidiana y han abusado de su travestismo ideológico en busca de la respetabilidad, los podemitas desvelaron su auténtica identidad: la izquierda radical, que sólo puede aspirar a atraer a los defraudados por IU, un sector minoritario desencantado de votantes socialistas y otros colectivos descontentos con el sistema o enemigos del mismo. Una minoría social que se traducirá en un grupo parlamentario insuficiente.

Lo contrario que Ciudadanos. Rivera echa sus redes explícitamente en el centro sociológico de España (y en Cataluña, en la defensa de la Constitución, torpemente gestionada por el PP). Ahí es donde está el grueso de los votos en disputa, entre las clases medias urbanas, profesionales y jóvenes hastiadas de populares y socialistas, deseosas de regeneración de la política y partidarios de las reformas sin sobresaltos. Albert Rivera promete un cambio tranquilo, y el caso es que mucha gente le ha concedido credibilidad para liderarlo. Por cierto, el cambio tranquilo fue el lema de la campaña de Felipe González en 1982. Luego se comprometió a conseguir "que España funcione". Tampoco es mal objetivo para esta democracia guapa de C's.

Tiene un handicap notable: total inexistencia en varias comunidades y, en las demás, militancia escasa, novata y de valía irregular. Y una gran ventaja comparativa: puede pactar indistintamente con PP y con PSOE. Ni siquiera se siente forzado a respaldar con sus diputados al candidato de los dos que quede en primer lugar el 20-D.

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