fragmentos

Juan Ruesga / Navarro

Bajo tierra

Bajo tierra es la traducción literal del termino inglés underground, que como seguramente sabrán se aplica al Metro de Londres, pero también en los años sesenta y setenta del pasado siglo servía para denominar las manifestaciones culturales alternativas a la cultura oficial. Algo se mueve en la cultura actual que detecta la necesidad de lo subterráneo para expresarse. Dos ejemplos nos ilustran en ese sentido, ambos en Londres. El más reciente, en el campo de las artes plásticas y visuales. La prestigiosa galería Tate Modern acaba de inaugurar unos nuevos espacios expositivos bajo tierra, reutilizando tres enormes depósitos cilíndricos de hormigón armado, que almacenaban el combustible de la vieja central térmica en la que se aloja el museo. Estos nuevos espacios están destinados a presentar y fomentar las propuestas más innovadoras. También en Londres, hace un par de años, en febrero de 2010, se puso en funcionamiento un complejo dedicado a las artes escénicas denominado The Old Víc Tunnels, vinculado al proyecto que patrocina y dirige el actor Kevin Spacy desde el Old Víc Theater. Es un complejo de viejos túneles abandonados por los ferrocarriles británicos, cerca de Waterloo Station. Participa de la llamarada de lo no acabado, que tan grato resulta a los nuevos creadores. Como la vieja piel de un anciano, llena de arrugas, que nos muestra a través de ellas una vida plena. La espacialidad de estos lugares tiene algo de primitiva, de ritual. En cierto modo es una bajada a las catacumbas. A las profundidades donde está el inconsciente, como afirma el filósofo Gastón Bachelard. El público y los creadores participan de una experiencia próxima, de gran complicidad, que los diferencia de los espectáculos de los grandes teatros del West End. La novedad no está basada sólo en lo que vemos o en lo que oímos, en la propuesta artística en sí. Todo forma parte del espectáculo. El espacio, la propuesta, los ruidos, el público. El orden del desorden. La experiencia en suma. Ya no es sólo un viaje bajo tierra, en cierta medida es un viaje hacia dentro de nosotros mismos. El músico Frank Zappa decía acerca del underground: la cultura oficial sale a tu encuentro, pero al underground tienes que ir tú. Y eso creo que cambia nuestra relación con la música, la plástica, el teatro y la danza.

Esa cultura de lo underground en España se denominó independiente o alternativa. Teatro independiente, cine independiente, música alternativa, etc. Corría paralela, casi subterránea a la cultura oficial, para aflorar con toda su fuerza a la llegada de la democracia. Se alimentaba de una fuerte creatividad y de la complicidad de los públicos. Clases medias, universitarios, obreros, emigrantes. Las últimas decisiones del gobierno, subiendo los impuestos a los espectáculos de cine y teatro, tendrán graves consecuencias previsiblemente en los hábitos del público. Es posible que todo el entramado cultural de estos años se resquebraje y desaparezca. Para poder continuar tendremos que buscar de nuevo los espacios de complicidad del público. Y si están bajo tierra, allí iremos.

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