Visto y Oído

Antonio / Sempere

De tontos

MIENTRAS vemos la última chanza en El intermedio, mientras asistimos al último hallazgo imaginativo de Andreu Buenafuente sobre el antepenúltimo investigado, imputado o aforado de turno, los aludidos, desde la Infanta Cristina hasta el de más abajo, a esas horas, seguramente, están disfrutando de una comida opípara. O una de esas cenas con cuya factura no baja de las tres cifras.

Mientras asistimos al enésimo debate sobre el estado de la cuestión, mientras los tertulianos atizan con su artillería pesada, tratando de ser los más ocurrentes y los más osados, los aludidos siguen sus vidas, al margen de la crisis, preocupados únicamente por contar con una defensa lo más sólida posible que les proteja ante cualquier adversidad. Ellos no compran en el todo a cien. Ni saben, porque nunca lo han sabido, lo que es vivir en un piso de menos de 50 metros. Desconocen lo que supone levantarse todavía de noche para introducirse en un vagón de metro abarrotado, en hora punta, en medio del anonimato más absoluto. No tienen ni idea de lo que supone sobrevivir con menos de quinientos euros al mes. No tienen la más remota idea. Porque, sinceramente, creo que nunca se han parado a pensarlo en serio. Porque piensan que en el fondo cada cual busca ayuda donde puede y en realidad lo de los quinientos euros es sólo una cifra, falaz, que no representa la realidad. Claro, que ellos tampoco supieron nunca lo que suponía pasar el mes con menos de cien mil pesetas, algo que sucedía a tanta gente hasta anteayer. Aunque las pesetas cundían más.

La televisión desarrolla una curiosa labor social que, en principio, no parecía prevista en su ideario. Al convertir en espectáculo de prime time los muchos excesos de las manzanas podridas de la política y el sector financiero, surge la catarsis. Es un consuelo de tontos, sí, pero bienvenido sea.

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