La esquina

Ni tutelas ni 'tutías'

HA llamado la atención que Gaspar Zarrías se descolgara el Día de Andalucía anunciando algo que no está en sus manos anunciar ni, mucho menos, decidir. Dijo el incombustible que José Antonio Griñán prepara "cambios importantes" en el PSOE-A y en el Gobierno andaluz y, concretando, que elegirá un equipo dirigente que combinará sangre nueva con experiencia.

Sin duda que Griñán necesita hacerlo y lo hará, aunque sólo fuera por pura justificación de su liderazgo y por puro instinto de supervivencia, pero ¿a santo de qué tiene que decírselo Zarrías? Ni siquiera la enésima resurrección política de quien fue número dos del Gobierno Chaves es motivo suficiente para una toma de posición tan jactanciosa. O para un aviso tan destemplado e imprudente, que podría ser la otra explicación.

Gaspar Zarrías, que apostó por Mar Moreno como sustituta de Chaves en vez de por Griñán, emprendió su nueva hégira (huida de Mahoma de la Meca a Medina) acompañando al anterior presidente a la Vicepresidencia de Política Territorial en calidad de número dos. Como los exilios no amilanan ni desalientan a este hombre, se las apañó en Madrid para llegar a la ejecutiva federal como secretario de política institucional -número cuatro en el orden jerárquico- y después fue el único secretario provincial socialista que apostó desde la primera hora por la eliminación de la bicefalia y la entronización de Griñán como líder a la vez del PSOE andaluz y de la Junta.

Ahora todo el socialismo lo ve clarísimo, pero hace sólo unos meses el único que se lanzó al ruedo pro Griñán -¡y siendo subordinado de Chaves!- fue Zarrías, y no es la primera vez en su vida que abre caminos en solitario. Quizás con sus declaraciones intempestivas sobre los planes de Griñán ha querido ufanarse de su condición de pionero y vencedor en este vértigo de relevos y cambios que vive el PSOE andaluz, y se ha pasado. Ha cabreado al actual presidente, que llegó a suspender una cena con él y cuyo portavoz anduvo al quite para preservar la autonomía de su jefe, y también al anterior, que le ha reprendido públicamente, recordándole que ni Zarrías ni él mismo tienen nada que decir al respecto.

La motivación fundamental del congreso extraordinario que el PSOE celebrará dentro de una semana es la voluntad de José Antonio Griñán de tener las manos libres para designar un Gobierno a su medida y una dirección socialista de su confianza (lo segundo es más difícil que lo primero). Quiere hacerse cargo de una nave en travesía dificultosa con aquellas premisas que describió Fraga cuando nombró sucesor a Aznar: sin tutelas ni tutías. Al fin y al cabo, es él, Griñán, quien será responsable de cómo acabe la navegación.

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