La aldaba

Carlos Navarro Antolín

cnavarro@diariodesevilla.es

La utilidad de ciertas cámaras...

Herrero tiene la varita mágica para multiplicar los metros cuadrados de los mejores solares

Hay quien se atreve a cuestionar el futuro de las cámaras. Así, sin más, con ese interés indisimulado por acabar con el orden establecido que tienen los aficionados al bochinche y al tumulto. Hay peleas, por ejemplo, por estar en la Cámara Alta, que es como se conoce el Senado, del que siempre se discute su utilidad, se abre el debate sobre su conversión en un verdadero órgano de representación territorial y otros sesudos análisis que quedan en nada. Pero hay codazos por trincar asiento en la Plaza de la Marina española con derecho a darse el piro de Sevilla dos o tres días a la semana por cinco mil euros del ala al mes. El Senado es utilísimo. Sirve para que Javier Arenas disfrute de su hábitat idóneo a estas alturas de su carrera política, donde demuestra que es la especie más fuerte, la que sobrevive a todos porque es la que mejor se adapta. Sirve como exposición permanente de una magnífica galería de cuadros, como sirve para aplicar el 155 en Cataluña y llamar luego al conde de Casa Galindo, el sevillano Enrique Lasso de la Vega, para controlar la maquinaria política del gobierno catalán. Luego está la Cámara de Comercio, con su sede histórica de la Plaza de la Contratación, donde Paco Herrero tiene la varita mágica para disparar los metros cuadrados de edificabilidad en el solar de Eusa. Se dice Eusa y siempre se recuerda a un señor como don Luis Uruñuela, caballero inglés a la andaluza. También multiplica Herrero los metros cuadrados de la parcela de Antares. Se dice Antares y se viene a la mente ese auditorio empinado y repleto de personalidades para asistir a las conferencias de políticos y empresarios en la Sevilla posterior a la Exposición Universal. Se dice Cámara a secas y se ponen todos en posición de saludo de Herrero (Paco), que consigue lo que pocos. Será por eso que alguien dice con guasa que don Herrero no preside la Cámara de Comercio, sino la Cámara... de los Favores, que no se debe confundir fonéticamente con la de los balones, donde aún suenan los ecos del maestro Araujo en el estudio de Radio Sevilla. ¿Y qué me dicen de la Cámara de Cuentas? Otro lugar magnífico donde ser colocado en los puestos de libre designación. Casi mejor que ser presidente de Paradores es estar sentado en la Cámara de Cuentas, donde uno pasa desapercibido y cobra como un canónigo de los viejos tiempos, de los que tomaban el café en casas solariegas con derecho a servilleta de hilo. Elijan Cámara para un retiro dorado. Y jamás olviden la Cámara Baja, la de la Carrera de San Jerónimo, que lleva camino de ser rebautizada como la Cámara Bajísima a la vista de las listas de algún partido. Nunca tanto listo en las listas. Y ahora que no miren a doña Celia, que ya la botaron.

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