La ventana

Luis Carlos Peris

Se va agosto con su habitual tributo de sangre

BUSCA las tablas un agosto más y en la cama se encuentran un puñado de toreros que cayeron en su hora de la verdad de cada día, que cada día de agosto lleva en su valija unas inquietantes cinco en todos los relojes de la tarde. Un agosto nuevamente sangriento, como si en el toreo hubiese que ir siempre en busca de algo que justifique su existencia. Cada vez que cae un torero, el toreo se siente aliviado de culpas y demuestra que es en el único espectáculo conocido donde se muere de verdad. Dentro de poco se conmemora el cuarto de siglo de la cogida de Paquirri en una plaza de pueblo para agonizar desangrado en aquel dédalo de curvas que unía Los Pedroches con la ciudad, con el primer hospital mínimamente presentable en la España profunda de sol y moscas. Agosto siempre se cobró un tributo de sangre que parecía obligatorio fielato para demostrar la autenticidad de la Fiesta y en éste que se va no podía ser menos.

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