Desde mi córner

Luis Carlos Peris

Hay que ver las bromas que gasta la Copa

SIEMPRE pasa algo. En la Copa, ese magnífico invento, siempre ocurre algo sorprendente. Por supuesto que en tiempos de eliminatoria a partido único era más habitual que algo nos sorprendiera. En esta ocasión no ha sido necesaria la muerte súbita para que la Copa cope todos los espacios mediáticos. Aunque resultase inaudito, el Realísimo, el mejor club del Siglo XX, ha caído en un pecado sólo aceptable en clubes sin ese pedigrí.

Incurrir en la negligencia de alinear indebidamente es un pecado mortal en fútbol, pero pasa de vez en cuando por muy increíble que pueda parecer. Una vez, hace treintaiseis años, una alineación indebida del Jaén le permitió al Betis asirse a un ascenso que se le escapaba. Años después, el Sevilla de Cuervas y Cantatore pecaba por lo mismo en Copa con el Espanyol, pero aquello no hizo sangre, se fue a partido en campo neutral y eliminaba a los catalanes.

Fue más justificable aquello de Kresic con el Valladolid ante el Betis por meter un extranjero de más en el fragor de la batalla. Como lo de Valdano frente al Rayo en Chamartín, pero esa calentura del partido es, en cierta medida, eximente para la falta. Ahora bien, alinear a un sancionado es del tebeo con ribetes, que diría un clásico. Seiscientos millones de presupuesto anual y que te pase tamaña desaplicación es para que echen al apuntador y hasta al que echa al apuntador.

La sorpresa de esta Copa llega acompañada por buenas nuevas como la sensación de que un joven talento como Vadillo es recuperable. Lo veníamos reclamando y el chaval respondió y no devolvió la camiseta, precisamente. Ojalá se deje de nocivas veleidades para cambiar el duro, que ya se sabe que el duro sólo puede cambiarlo quien lo tiene. Fue la buena nueva de una noche que se esclerotizó según iba sabiéndose que el Realísimo había incurrido en un pecado de Regional.

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