La esquina

josé / aguilar

¿No tiene que ver con el fútbol?

LA primera reacción de los directivos del Atlético de Madrid tras la muerte de un seguidor del Deportivo en una pelea buscada por ultras de los dos equipos fue la condena de ritual y la consabida monserga de que "esto no tiene nada que ver con el fútbol".

La monserga sólo contiene un ápice de verdad si se refiere a que energúmenos de esta calaña los hay en todos los fenómenos de masas y que son individuos que despliegan sus bajos instintos al cobijo de un equipo como podrían desplegarlos al amparo de una ideología, una religión o un ideal político. Son esas malas bestias a las que se refería ayer el compañero Carlos Colón. Gente que no son de las que necesitan sacar el bicho de dentro porque ya lo llevan por fuera.

Pero, salvo ese detalle, ¡claro que tienen que ver con el fútbol! En un aspecto decisivo: su agresividad descerebrada tendría sólo consecuencias mínimas y esporádicas si no estuvieran objetivamente alentados por la inhibición, cuando no la complacencia y aun la ayuda, de los clubes de sus amores (y de sus odios). Son las directivas de los clubes las que, pretextando lo mucho que animan a los jugadores y lo fieles que son a sus colores, han colaborado y colaboran en que actúen de modo organizado, financien sus viajes con el equipo y tengan espacios reservados en la grada y en locales de los recintos deportivos (para guardar banderas, pancartas y quizás otros instrumentos menos inocuos del fanatismo).

De modo que, independientemente de los posibles fallos políticos y policiales, que no hay que subestimar en cada caso, la violencia en torno al fútbol tiene un antídoto seguro, aunque no definitivo (lo definitivo al respecto de la violencia está en la sociedad misma): identificación y sanción de los individuos violentos y alejamiento de las filas deportivas de los colectivos con conductas y palabras delincuentes o predelincuentes. Negarles el pan y la sal. Hay que devolver a los aficionados el maravilloso espectáculo del fútbol que les está siendo arrebatado por pandillas de aspirantes a barras bravas. Lo peor de cada casa siguiendo el peor de los ejemplos.

Es lo que anunció ayer el consejero delegado del Atlético de Madrid: expulsión inmediata de los socios que han sido identificados como participantes en la mortal pelea del domingo y baja como peña reconocida del Frente Atlético al que pertenecían. Ya lo hicieron años atrás Barcelona y Real Madrid con sus propios vándalos. El camino estaba abierto. No hay nada que inventar.

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