La aldaba

Carlos Navarro Antolín

cnavarro@diariodesevilla.es

Las verdades de Guerra

El ministro que firmó la Ley contra la Violencia de Género sufrió en su día lo que Guerra denuncia ahora

Este país de pendulazos no admite matices ni contrastes. Los grises siguen siendo para muchos aquellos policías delante de los cuales corrieron. O dicen que corrieron. Con ciertas causas hay que estar a muerte o no se está. No se admite una crítica contra los mantras establecidos. Por esta regla todo es machismo, micromachismo o como se dicte en llamar a partir de mañana. Ha tenido que ser un ex vicepresidente del Gobierno que no es precisamente de derechas como Alfonso Guerra quien diga lo que muchos juristas moderados, nada sospechosos de ser de Vox, llevan diciendo muchos años. La Ley contra la Violencia de Género es mejorable, sobre todo porque no ha reducido el número de muertes de mujeres. Y tiene aspectos muy susceptibles de ser considerados inconstitucionales al quebrantar la presunción de inocencia del varón. Ya está bien de considerar negacionistas, machistas o directamente de extrema derecha a quienes simplemente cuestionan ese aspecto, abren el debate con conocimiento de causa o se atreven a firmar una tribuna de opinión en un periódico analizando el texto legal desde su legítimo y especializado punto de vista. Todo ser humano en sus cabales que ha presenciado una agresión contra una mujer en la vía pública sabe el estremecimiento y el desgarro que se siente. Sabe la importancia de avisar con rapidez a la Policía. Y la tremenda impotencia que se sufre cuando ella lo abraza a él en cuanto ve llegar al patrullero. Alguna que lleva años rezumando odio quiere asaetear a Guerra, como a tantos otros, por el mero hecho de discrepar de determinados aspectos de una legislación vigente que, repetimos, se ha demostrado inútil. Criticar la ley no es estar en contra de la lucha contra el maltrato. Pero esto último no interesa a la nueva inquisición, ávida de llevarse nuevas presas a sus fauces para sacarles la sangre en nombre de una causa justa, pero hábilmente manipulada para satisfacer sus espurios intereses. Guerra, quién lo iba a decir, representa hoy ese PSOE que nunca necesitó de ciertos radicalismos, como el fomento del odio contra la Iglesia o la criminalización del varón por el mero hecho de serlo. Resulta llamativo que el ex vicepresidente del Gobierno, al igual que veteranos socialistas como Leguina, coincidan en ciertos debates con la formación política que mantiene una postura más acerada al respecto. Quizás cabría recordar que el ministro socialista que firmó la Ley contra la Violencia de Género, el canario Juan Fernando López Aguilar, la sufrió en sus propias carnes. ¿Saben lo que declaró tras vivir un calvario? "Ninguna ley está exenta de mejora, tampoco la de Violencia de Género". Deber ser un machista. O un micromachista. Y, por supuesto, un fascista. Como Guerra. ¡A la hoguera con todos!

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