MÁS de siete meses después de su desaparición y asesinato, el cadáver de la joven sevillana Marta del Castillo, de 17 años, continúa sin aparecer mientras los cinco imputados en el caso multiplican la ceremonia de la confusión con la que pretenden rehuir sus responsabilidades en el crimen. El autor confeso de la muerte de Marta, Miguel Carcaño, ofreció ayer ante el juez instructor su cuarta versión de los hechos acaecidos la noche ominosa del 24 de enero. En ella mantiene que mató a la chica con un cenicero, pero se exculpa de la violación que él mismo, junto al menor también procesado, habrían cometido según otra de sus declaraciones anteriores, en una estrategia encaminada al parecer a eludir que el asesinato sea enjuiciado por un jurado popular. En esta nueva versión, Carcaño atribuye la desaparición del cuerpo de la menor a un tercer implicado, su amigo Samuel, librando de toda culpa a su propio hermano y a la novia de éste. Es difícil deducir de las confesiones contradictorias del joven homicida, orientadas en todo momento a armar su defensa, la verdad de unos hechos que conmocionaron, con toda justificación, a la opinión pública nacional. El instructor, cuyo objetivo principal en todo este tiempo ha sido tanto el esclarecimiento de lo ocurrido como el hallazgo del cadáver -imprescindible para que la familia de Marta del Castillo pueda completar su duelo- tendrá que decidir si la nueva versión de Miguel Carcaño debe dar pie a nuevas diligencias antes de resolver definitivamente sobre el trámite del jurado popular, previo a la apertura del juicio, solicitado por el fiscal y la acusación particular y rechazado por la defensa de los inculpados. De cualquier modo, se impone que estas presuntas investigaciones sobrevenidas, si hubiere lugar a ellas, se realicen con el máximo rigor y la mayor brevedad a fin de que la Justicia cumpla con su doble finalidad de ser justa y rápida. Queremos saber qué ocurrió con Marta, quién o quiénes la mataron, hicieron desaparecer su cadáver y encubrieron a los autores, y que todos ellos sufran la acción implacable del Código Penal.

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