Un sevillano en Texas

Eugenio Cazorla Bermúdez

¡Que viva España!

SEGÚN nos cuentan los fonólogos, el sonido que oímos cuando pronunciamos la letra española ñ no es exclusivo de nuestra lengua. Idéntica o muy parecida pronunciación se oye en sus equivalencias. Por ejemplo, en portugués (Espanha), francés (Espagne) o italiano (Spagna), amén del catalán, muy dados los catalanes a no parecerse al resto de los españoles, (Espanya). Estas cuatro lenguas tuvieron que recurrir a dos letras, a saber: nh, gn y ny. La nuestra sin embargo, austera y sobria, se contentó con una sola, la n, y para distinguirla se le colocó una barrita en la parte superior, pero no una barrita tiesa y sosa, sino, salerosos que somos, sensual y sinuosa y risueña, y así ha llegado hasta nuestros días.

Y así nuestra patria abandonó el hermoso nombre de Hispania de los hispanorromanos y adoptó el de España, que con tanta concentración de vocales desciende a martillazos contra los futbolistas extranjeros que se atreven a desafiarnos. Pero también apareció la ñ en una interjección que se pronuncia miles de veces diariamente y que podría calificarse como la interjección nacional.

¿Qué recepción tuvo la ñ en las imprentas y linotipias extranjeras? Para mí que nula. Antiguamente las palabras españolas que tuvieron acogida en el vocabulario inglés (de Inglaterra) y digo inglés porque éste es el idioma extranjero que domino, fueron pocas y casi siempre reflejo de la triste historia de nuestro país: armada, junta, guerrilla, cacique, etcétera. Ninguna lleva la ñ. Una vez constituidos los Estados Unidos y su vecino México algunas palabras más entraron en el vocabulario angloamericano: macho, coyote, gringo, tabaco, sombrero, etcétera. Un escritor, Ernest Hemingway, apasionado de España y de su fiesta taurina, popularizó cojones, una palabra que, sorprendentemente, ha pasado a formar parte del lenguaje político de los Estados Unidos. Por supuesto que la geografía de este país está cuajada con nombres que demuestran la huella de nuestra lengua: ríos, valles, ciudades, estados etcétera llevan nombres españoles. Muy pocos de ellos llevan la ñ y cuando ese es el caso la ignoran. Espanola, es una ciudad en New Mexico. Jamás he visto su ene adornada con la tilde. Otra palabra muy popular en EEUU lleva la ñ y se usa en términos denigrantes para significar el trabajo que se deja de un día a otro y nunca se hace: mañana. Pero la escriben manana, sin la tilde. Finalmente, los turistas descubrieron las cocinas y bebidas españolas y así aparecieron tapas, paella, sangría, gazpacho, etcétera. Ninguna lleva la eñe.

En cuanto a nombres propios he tenido la curiosidad de consultar el New York Times en tiempos de nuestra guerra civil para ver cómo imprimía el apellido del presidente de la República por aquellos desgraciados años. Pues ignoraba la ñ y aparecía como Senor Manuel Azana.

Todo empezó a cambiar allá por los años setenta. Un político filipino, Benigno Aquino, opuesto a la dictadura de Ferdinando Marcos y encarcelado por éste, consiguió salir de la prisión por motivos de enfermedad y buscó ayuda médica en los Estados Unidos. Una vez aquí se dedico a hacer política contra el presidente Marcos. Naturalmente la prensa americana le siguió los pasos y su nombre empezó a rodar por las linotipias del país. Ahora bien, la actitud del escribidor norteamericano frente a nuestra entrañable ñ es parecida a la persona que, sin aviso, se enfrenta con una serpiente de cascabel que se yergue presta a morder. Queda hipnotizada. La n se agranda, N, se agranda, N, y se agranda N y al final el hechizado, nervioso, no da pie con bola. Al enfrentarse con el exotismo de Benigno Aquino el redactor del Dallas Morning News, perdió control: "My God, ¿llevan estas enes tildes?". En este país los funcionarios de la temida Internal Revenue Service (IRS), o sea, la agencia federal tributaria, cuando, en ciertos casos, se encuentra en la duda de si proceder o no a la imposición del tributo por la renta personal se han impuesto una norma: "When in doubt, tax", lo que libremente traducido sale como: "En la duda, jode". O sea, impón el tributo. Ante Benigno Aquino, el redactor siguió la regla afirmativa del funcionario tributario y, aunque sin ánimo de ofender, decidió colocar la tilde. Pero ¿dónde, en Benigno o en Aquino? Y así un día leímos que Benigño Aquino iba a ingresar en el hospital y otro día que Benigno Aquiño había sido dado de alta. Y vuelta a empezar. Como es natural esto pasó desapercibido para la masa lectora pero yo pasé muy buenos ratos ante tanta incongruencia e ignorancia.

Con la llegada de la cibernética los técnicos que monopolizan el sector, casi todos anglófonos, decidieron eliminar la ñ. Cómodos con un idioma desprovisto de tal letra, así como de acentos, diéresis y demás, pontificaron: café para todos. España entera se levantó en pie de guerra. Ríos de tinta clamaron contra tal desfachatez. La leyenda negra, la conjuración judeomasónica de antaño, etcétera salieron al tapete. Al final, volvieron las aguas a su cauce y nuestra ñ fue incorporada al teclado de los artilugios españoles. En los países de habla inglesa, de mala gana y a base de rodeos irritantes.

Contra ataques y maltratos, la ñ sigue victoriosa y por eso en estos triunfales días, y a pesar de tantas tribulaciones no podemos menos que gritar ¡Que viva España, coño!

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