La ciudad y los días

carlos / colón

La voz de Pastora

LA retirada de los escenarios de Pastora Soler a causa del pánico escénico ha puesto de moda la cuestión, recordándose los artistas que lo han sufrido. La más famosa es Barbra Streisand, que estuvo 27 años sin ofrecer conciertos. Pero no se trata de algo ligado sólo al mundo de la canción. Les propongo dos casos tomados de la música clásica.

El primero es el del director de orquesta -además de excelente violinista y pianista- Franco Ferrara, que desarrolló una prometedora carrera en los años 30 hasta que los desmayos que sufría al subir al podio y enfrentarse al público le hicieron abandonar los escenarios en 1946. Nino Rota me lo contó antes de que ambos almorzáramos con él en Roma, y fue la primera vez que oí hablar de este mal. Ferrara se dedicó a las clases de dirección orquestal en la Academia de Santa Cecilia de Roma, a impartir cursos de dirección en las más prestigiosas instituciones mundiales -Julliard de Nueva York, Curtis de Filadelfia, Toho de Tokio, Chigiana de Siena, Conservatorio de París- y a la dirección de grabaciones discográficas y cinematográficas. Las últimas le dieron su mayor y más perdurable fama al dirigir, entre otras, las bandas sonoras compuestas por Nino Rota para Visconti (Rocco y sus hermanos, El Gatopardo) y Fellini (todas las películas desde El jeque blanco en 1951 hasta La dolce vita en 1960).

El segundo caso es el del pianista Glenn Gould. En 1964, a los 34 años y en la cumbre de su éxito, al salir del escenario tras un concierto en Los Ángeles, le dijo a un tramoyista que había pisado por última vez un escenario. Y así fue. Desde entonces se dedicó a la meticulosa preparación de grabaciones discográficas. El pánico escénico estaba relacionado con su fobia social (podría sufrir el síndrome de Asperger), su miedo a caer preso del público de conciertos como un mono de feria y su fe en la música grabada. Su personalidad compleja, excéntrica y genial le hizo refugiarse en los estudios como parecía refugiarse en sí mismo ante el piano, adoptando una postura fetal al sentarse en una silla muy baja y volcarse sobre el teclado: "Lo que ocurre entre mi mano izquierda y mi mano derecha es un asunto privado que no le interesa a nadie", respondió a un periodista que le preguntó por su extraña postura.

Ojalá Pastora supere su pánico. Y mientras tanto, como la Streisand, Ferrara o Gould, que grabe. Su voz es un lujo necesario.

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