Desde mi córner

Luis Carlos Peris

A vueltas con la ridiculez de las rayas rosas

CUANDO antañazo y nada hacía prever el nacimiento del marketing, el Betis, ese sevillanísimo Real Betis Balompié por siempre y para siempre, vestía camiseta a rayas verdes y blancas idénticas a las trece del escudo con pantalón, calzonas se decía, blanco. Luego, cuando iba a Sarriá, a La Rosaleda, a Riazor o a Atocha iba con camiseta verde y pantalón negro o blanco, según el color que tuviese a bien lucir el anfitrión.

Un leve cambio en las visitas al Bernabéu, al Sánchez Pizjuán o a Mestalla que consistía en no variar de camiseta pero sí llevar pantalón negro o verde. En Mestalla fue hasta que hace unos veinte años allí decidieron dejar el pantalón blanco por el negro. Eran los únicos cambios de un Betis fiel a unas señas de identidad perfectamente inalterables. Pero en esto llegó el comandante marketing y mandó parar con lo que se hizo el caos y el que no te conozca ni la madre que te parió.

Viene a cuento por la insólita decisión de teñir de rosa el blanco de la camiseta con ocasión del Día de la Mujer... bética en este caso. No sé si es culpa de la fiebre que rodea al merchandising o del insufrible y papanata buenismo que nos rodea, pero lo cierto es que el domingo, cuando den las doce del mediodía en todos los relojes de la Ciudad del Sol, el Betis será el Betis porque así se anuncia, pero que tiene de Betis lo mismo que un huevo se parece a una máquina de escribir.

Por supuesto que no es el Betis el único que hace el ridículo renunciando a su camiseta sin venir a cuento, que por ahí se ha visto cada cosa... Y ojalá esa camiseta verdirrosa se haga acompañar de un triunfo sobre el Granada para que el purgante pase sin traumas. No quiero parecer un adalid de la nostalgia, pero así como la raya rosa es una ridiculez, también lo es cambiar de indumentaria en lugares donde el Real Betis Balompié vistió siempre como Dios manda.

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