La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

'#yotepienso'

Que llueva, por Dios. Y vaya la procesión por dentro mientras suena Gámez Laserna por las calles de la memoria

Nadie ha vivido algo parecido. Reclusión en las casas. Calles desiertas. Comercios, cines, teatros, restaurantes, museos, iglesias y bares cerrados. Blindaje de ciudades, regiones y países. Coches de Policía recorriendo calles vacías ordenando la reclusión de los ciudadanos. Imágenes que parecen sacadas de una película de catástrofes. O de viejas historias de epidemias. Vemos Florencia tan vacía como debió estarlo cuando la peste de 1348 hizo que quienes podían permitírselo -caso de los diez narradores del Decamerón- huyeran de la ciudad.

Nadie ha vivido algo parecido en Sevilla. Porque a lo anterior se suma la suspensión de las procesiones de Semana Santa. Quien tuviera en 1933 la edad suficiente para recordar hoy aquella Semana Santa sin ninguna cofradía tiene 92 años o más. Aquella suspensión se debió a circunstancias políticas y no fue tan radical. Las hermandades celebraron sus cultos internos en la Cuaresma y en los días de Semana Santa improvisaron otros a los que dieron el mayor esplendor posible, montando besamanos extraordinarios y pasos. La Semana Santa de 2020, por causas absolutamente justificadas, ni eso tendrá. Se han suspendido muchos cultos de Cuaresma y el Pregón de la Semana Santa. Supongo que no se montarán los pasos porque no sería lógico que se suspendieran las procesiones y se abarrotaran los templos para verlos. Un vacío absoluto, pues, mayor que el de 1933. De seguir las cosas así, ni el Triduo Pascual podrá celebrarse en los templos más que a puerta cerrada para difundirse por streaming.

Es lo necesario y hay que aceptarlo sin aspavientos. Pero no sin pena. Ojalá llueva del Domingo de Ramos al Sábado Santo. Sería el único consuelo. Porque es tan difícil imaginarse la desolación del sol del Domingo de Ramos cayendo sobre un parque de María Luisa, un Salvador, un San Jacinto, una Doña María Coronel, una Puerta Osario o un San Juan de la Palma desiertos como difícil, si no imposible, es representarse la resucitada luz macarena de la mañana del Viernes Santo bañando una calle Feria vacía. Que llueva, por Dios, que llueva. Y vaya la procesión por dentro mientras suenan Font de Anta y Gámez Laserna por las calles de la memoria. Esto nada puede quitárnoslo. Nada podrá quitarme mi Amargura, mi Jesús Nazareno, mi Gran Poder, mi Macarena y mi Calvario. Escribiré sobre ellos y sobre otras devociones. Esta será mi Cuaresma y mi Semana Santa #yotepiensocuandoquiero.

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