La ciudad y los días

Carlos Colón

Otra zarzuela cómico-taurina

ME quito la montera ante el compañero Luis Nieto y le pido la venia para tratar de la zarzuela cómico taurina que se ha montado en el Parlamento catalán. Diciendo, de paso, como los lectores de Diario de Sevilla que lean las crónicas taurinas de Luis saben de sobras, que uno de los muchos daños que la desaparición de la fiesta de los toros acarrearía a España -Cataluña de momento incluida- sería la desaparición paralela del periodismo taurino que, sin que en esto pueda haber discrepancia, ha sido y es una de las cumbres del periodismo español, desde Corrochano a Amorós y nuestro Luis Nieto, pasando por De Cossío, Díaz Cañabate, Zabala o el siempre recordado Joaquín Vidal.

Pero volvamos a lo de la zarzuela cómico taurina que ha hecho retroceder a este país un siglo, resucitando el antitaurinismo regeneracionista y apiolándose a los intelectuales y artistas de la Generación del 27 que -con Lorca en cabeza- hicieron las paces entre la Inteligencia y algunas fiestas tradicionales españolas, entre ellas la de los toros. Y conste que aquellos señores pertenecían, no a cualquier momento de nuestra cultura, sino a la llamada Edad de Plata por ser la más creativa y fecunda desde la Edad Oro. Hay que recordar que la Edad de Plata va de 1898 a 1936. Es decir, que en lo taurino se inicia con el antitaurinismo de los ya citados regeneracionistas para evolucionar al taurinismo de la Generación del 27. Pero parece que está de moda saltar a piola sobre los encuentros que se hayan dado en nuestra historia para ahondar en los desencuentros e intentar actualizarlos como elemento de confrontación.

A qué venga ahora la polémica de los toros se me escapa. Todos los argumentos contra el sufrimiento de las bestias y la crueldad de la fiesta quedan desactivados por su comparación con los muchos que no suscitan protestas ni comisiones parlamentarias. En un país vegetariano en el que se consumieran huevos puestos naturalmente por gallinitas que picotearan gusanitos en los campos y se bebiera leche obtenida de relajadas vacas que pastaran en verdes edenes -y en el que además ni se cazara, ni se pescara, ni se utilizaran las pieles de los animales sacrificados para hacer zapatos, carteras o bolsos- se podría considerar razonable escandalizarse ante las corridas de toros y pedir su supresión. Pero que entre tanto sufrimiento animal tenido por necesario se insista tanto en los toros -el único de estos animales que vive en libertad hasta que le llega la hora- hace sospechar que la cosa tiene más que ver con cuestiones simbólicas y políticas que con el sufrimiento de los toros.

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