Guillermo Casellas

Carta abierta al alcalde de Sevilla

La principal fiesta de la ciudad de la que usted es mandatario es la celebración popular de su Semana Santa. Ésta es su fiesta total. Concepto éste, propio de Cultura identitaria, antropológicamente hablando. La religión, la que sea, es una subcategoría, digamos, de la cultura de un pueblo, en este caso el de Sevilla. Pero, en otro orden de cosas, podemos decir que la autoridad municipal hace, en este caso, “dejación” de funciones. La seguridad sanitaria, ni ninguna, no depende del Arzobispado, por mucha “autoridad eclesiástica” que se quiera autodenominar.

La Iglesia católica, gestionada por su jerarquía, es una entidad privada. Las cofradías, en cambio, aun sin menoscabo de ser entidades propiamente privadas según el Derecho Civil, tienen una repercusión pública en cuanto salen a la calle (y en sus templos, igualmente), que es todos y por tanto de nadie en particular, repercusión pública incluso admitida por las propias normas diocesanas del propio Arzobispado de Sevilla (que históricamente ha querido tener a las cofradías bajo el yugo con el erróneo “sentido pastoral”), que califican a las hermandades como “asociaciones públicas”. Paradójico.

La única autoridad que puede, con motivos muy excepcionales como es la actual pandemia, es el Ayuntamiento de Sevilla, asesorada por las autoridades sanitarias. Valga este mensaje también para el presidente de la Junta de Andalucía, que ha declarado recientemente y de forma vehemente: “En cuanto a la Semana Santa, estamos a la espera del pronunciamiento del Arzobispado, que es el que tiene esas competencias...”. Señor presidente de la Junta de Andalucia: usted no sabe de la misa, la media.

Las cofradías no pertenecen al Arzobispado, ni al Ayuntamiento, ni a la Junta de Andalucía, ni al Consejo de Cofradías, ni como tampoco a ninguna institución civil, política o gubernamental. Pertenecen a sus miembros, hermanos/cofrades y en un sentido amplio al pueblo andaluz, y en este caso al sevillano.

Asuma su responsabilidad, señor alcalde, y, del mismo modo que ya ha suspendido oficialmente, con total criterio incuestionable, la celebración de la Feria de Abril, ¿a qué espera usted para hacer lo mismo (con más argumentos, si cabe) con la “Semana Santa de Sevilla” (el entrecomillado de las cuatro palabras expresa su singularidad). 

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