Observo a comunistas de raza como José Sacristán o los fallecidos Julio Anguita o Carrillo. Gente con ideología férrea, pero con principios incorruptibles. Escuchas a los nuevos comunistas y te dicen que la deuda pública no se puede pagar o simplemente que no se paga. Que el dinero es para la gente, no la gente para el dinero.

Mientras, tienen dependencia emocional, como todo adicto, de la mayor droga actual: el materialismo y la apariencia social (producto de un capitalismo que aborrecen). Las ideologías no deberían convertirse en sectas, pero actualmente es lo que son. Cada cual quiere imponer su dictadura de plástico al resto. Vivimos tiempos de inquisición, de superficialidad, de banalización.

Las ideologías populistas son incoherentes, adaptativas a individuos egoístas y sin empatía. Por eso, las próximas elecciones generales las ganará la gestión y el bolsillo real de cada individuo. 

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