Uno de los sectores más perjudicados durante el pasado año fue el de los ganaderos de bravo. La pandemia del Covid hizo que apenas se lidiaran el 1% de los 14.000 animales, entre añojos, erales, utreros y toros, que estaban previstos. Numerosos cinqueños acabaron en el matadero y el 50% de las vacas reproductoras han sido sacrificadas. Un verdadero desastre económico, pues, a pesar de la no entrada de dinero, los ganaderos tienen que seguir invirtiendo en sus animales con la esperanza de que esto tome otro giro. Por si fuera poco, llegó la borrasca Filomena y, ante este panorama, se calzaron sus botas de agua y se abrigaron para quitar la nieve de abrevaderos y pesebres con la esperanza de que este año mejoren las cosas. Éstos sí que son ecologistas de verdad y no esos subvencionados ecologistas de ciudad que dedican su tiempo a injuriar y ultrajar al sector taurino desde su caldeada oficina. 

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