Cristina López de Haro

Fijando plazos a la esperanza

¿Se han parado a pensar, señores diputados, las consecuencias que tendrá para los ciudadanos la duración del estado de alarma que ustedes han aprobado? No me refiero ya a los que deseen emprender algo, bien porque se quedaron sin empleo o porque tuvieron que cerrar su negocio. No me refiero ya a todos los que trabajan en sectores relacionados con el turismo, la hostelería, la organización de eventos, etcétera, que han ido posponiendo citas en su calendario y reorganizándose como han podido. No me refiero ya a ellos, sino a todos a los que ustedes representan.

Aprobar un estado de alarma para los próximos seis meses tendrá un impacto devastador sobre el estado anímico de todos: de los mayores que cuentan los días en la soledad de su residencia, de los abuelos que ven cómo sus nietos crecen y se crían en otras comunidades autónomas, de los que quieren reunirse con sus amigos y familiares, de los que tenían grandes sueños y les han cortado las alas.

¿No hubiera sido mejor haber aprobado un plazo razonable e ir recalculando según hiciera falta? ¿Cómo mantener la esperanza sabiendo que una Navidad y una segunda primavera nos serán arrebatadas? De todo este tiempo es del que han nos privado de un plumazo precipitándonos al abismo de la desesperanza. 

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