Señor presidente del Gobierno de España, luchador sin batalla que ganar. Apartado en el olvido, me siento, por su parte, secuestrado contra mi voluntad, cansado de esperar una señal que no llega, harto de ver los días pasar sin que ocurra nada, por su parte y la del conjunto del Gobierno.

Señor presidente, ¿qué tal si por una vez, en su vida, y sólo por variar, nos dice a la ciudadanía española la verdad? Pero usted no tiene el valor para decir la verdad, sólo mentiras y engaños. Sólo tengo claro que no se puede jugar con la vida y los sueños de la sociedad española, ni con la nación española, que le viene muy grande. 

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