Julio César Álvarez

El desamparo del olvido

Hoy quiero hacer un llamamiento al corazón. Quiero ser la voz de alarma de nuestros mayores que se encuentran en el lugar que no deberían, con personas de su misma sangre que, como sanguijuelas, exprimen al máximo lo poco que les queda para su propio beneficio, no atendiéndoles en algo tan básico como es el amor. Cuando el alzhéimer llega a tu entorno, piensa dos veces lo que vas a hacer con tu ascendiente. Una persona con esta enfermedad necesita de profesionales las 24 horas del día.

Es un error enorme encerrarla en una habitación y no darle el trato correcto ante este problema. Llevarte a una madre o a un padre a tu casa no significa que te adueñes de su dinero para pagar tus vicios, tus impuestos, tus multas, tus conciertos, tu seguro del coche, las reformas de tu casa; no significa endeudarla haciéndola firmar prestamos, aún sabiendo que tiene alzhéimer. Necesitan paciencia y comprensión, no que las humillen y les griten a cada instante, pero desgraciadamente esto es algo muy común.

¿Cómo pueden existir personas que vayan de santos y después descubres que son más malos que Satanás? Y mientras tanto la burocracia hace de las suyas, aferrada a la crueldad eterna del tiempo que juega a ignorar el socorro de almas que les quedan poco bagaje en la tierra. Todo va muy lento, salvo la destrucción de su memoria. ¿Dónde está la justicia? ¿Cuándo fue el momento en que se pudrieron esos corazones grises por la codicia? Intentar normalizar el uso indebido de una pensión de un mayor que no está en plenas facultades es como intentar normalizar el maltrato, que también suele existir, todo sea dicho. Hay que tener mucha maldad para tratar así a una persona mayor. Pero si esa persona mayor tiene alzhéimer y a eso le sumamos que es tu madre o padre... ¿Qué clase de hija o hijo eres? Mientras la rueda gire, ellos seguirán atados al desamparo del olvido... 

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