Pedro Álvarez

Dos Hermanas

¿Una desgracia evitable?

El pasado 21 de octubre, en Dos Hermanas, un chaval de 14 años murió atropellado mientras cruzaba caminando un paso de cebra a las ocho y media de la mañana, al dirigirse a su instituto. El luctuoso suceso ocurrió en la Av. Juan Pablo II de la localidad nazarena, a la altura del lateral del popular Club Vistazul de la barriada del mismo nombre.

Vaya en primer lugar mi más sentido pésame a la familia y amigos del muchacho. Desconozco las circunstancias concretas del hecho más allá de que el conductor dio negativo en la prueba de alcoholemia y que parece ser que la Policía lo iba a imputar de un presunto delito de homicidio imprudente. No sabemos a qué velocidad iba el vehículo, ni si el conductor se despistó un momento, o si el asfalto estaba más o menos resbaladizo por la lluvia que caía esa mañana.

Yo vivo con mi familia en la misma avenida Juan Pablo II, a unos 300 metros de donde todo sucedió. Y lo que sí intuimos en el barrio es que quizás las responsabilidades no empiecen y acaben en el conductor, sino que vayan más allá: desde hace años todos observamos el peligro que los peatones corremos en esta avenida, que tiene doble carril en la mayoría de su recorrido, numerosos pasos de peatones sin semáforo, y en la que muchos vehículos exceden la velocidad permitida con creces.

En nuestro caso particular, mi mujer, mi hijo también de 14 años y yo mismo hemos estado a punto de ser atropellados en tres pasos de la misma avenida, siendo así que en septiembre de 2018 decidí escribir una carta al Ayuntamiento de Dos Hermanas, explicando lo sucedido y el elevado riesgo de atropello grave, y pidiendo la adopción de medidas protectoras de algún tipo, semáforos, radares, más Policía o incluso elevar los pasos de peatones para lograr la reducción de velocidad de los coches. No obtuve ninguna respuesta por parte del Ayuntamiento, ni observé que se tomara ninguna medida.

Posteriormente, de junio a septiembre de 2019, mandé nada menos que siete escritos similares, todos ellos presentados por registro de entrada de la administración, dirigidos al Excmo. Ayuntamiento de Dos Hermanas. A día de hoy no he recibido ninguna respuesta, ni he observado que se tomara ninguna medida. Y lo más triste es que en mis cartas justamente yo advertía del riesgo de tener que lamentar el no tomar medidas. Ya lo estamos lamentando. Puedo imaginar dónde estarán mis cartas: arrinconadas en algún cajón o archivador.

¿Qué tenemos que hacer para que la Administración nos eche cuenta a los ciudadanos de a pie? ¿Qué tiene que suceder? ¿Por qué nos tiene que pasar siempre lo mismo y no nos acordarnos de Santa Bárbara hasta no escuchar los truenos? 

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