Tomás Díez

Sevilla

Dos y dos son cinco

Si siempre conviene buscar lo positivo ante cualquier situación a la que nos enfrentemos, está claro que una de las pocas ventajas que ha representado estar tanto tiempo confinado ha sido poder dedicar mucho más tiempo al placer de la lectura. Entre los libros “recuperados” me ha tocado releer 1984, de George Orwell. Supongo que todos lo hemos leído, pero hay que reconocer que no es lo mismo leerlo con 20 que con 70 años. Orwell lo escribió para denunciar la dictadura soviética del papaíto Stalin, y en él mostraba muy crudamente los procedimientos utilizados por el Gran Hermano para mantenerse indefinidamente en el poder.

Una de las herramientas utilizadas para ello era la “nuevalengua”. Según ésta, de uso obligatorio, se inventaban palabras y se prohibían otras con el fin de que todo el mundo acabara teniendo la misma forma de pensar. En España, desgraciadamente, hoy está ocurriendo algo parecido. Si alguien osa decir, por ejemplo, que se siente “español y patriota”, será inmediatamente calificado como un peligroso “fascista”; sin embargo, si dice eso de “nosotros y nosotras”, o mejor aún, “nosotras y nosotras”, entonces no cabe duda de que nos hallamos ante un auténtico “progresista” de pies a cabeza. En fin, una pena. Recomiendo vivamente volver a leer 1984, y para aquellos que no lo sepan, conviene decir que Orwell era un izquierdista radical que estuvo en España luchando contra Franco en 1937. 

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