Antonio Melado

El “pellizco” en el arte

Escuché un día, de labios de un teólogo, la importancia que tiene alimentar la inteligencia con ejercicios que vayan acumulando una abundante cultura de todos los saberes. Esto serviría de base no sólo para educar nuestra sensibilidad de cara a las más variadas manifestaciones del arte, sino, lo que es más importante, para poder disfrutar de su contemplación, recreando todos los sentidos. Es lo que solemos llamar el “pellizco”, que aparece inesperadamente cuando escuchamos a consumados artistas, bien sea en el arte del flamenco o de la música clásica.

Este mismo teólogo dijo que, dependiendo de la acumulación de exquisitos saberes artísticos adquiridos en esta vida, cuando, finalizada nuestra estancia en este mundo, vayamos a otra dimensión, disfrutarían más aquellos cuya inteligencia haya sido cultivada con mayor esmero. Casi sin apenas darnos cuenta, nos hemos trasladado del fabuloso misterio del “pellizco” que de pronto surge en el arte a la conveniencia de ejercitar nuestras potencias para poder gozar de los diferentes espectáculos que los medios artísticos han creado para nuestro goce y divertimento. 

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