En abril de 1992 falleció mi padre, el librero Pascual Lázaro, cliente habitual de Casa Robles. Tras su entierro nos encontramos en la casa familiar de la calle Francos muchas personas, entre familia y amigos que nos acompañaban. Al ser la hora de comer y no tener ánimo ni con qué atenderles recurrimos a su vecino y amigo Juan Robles para encargar algo de comida para llevar. Éste nos dijo que no nos preocupáramos, que nos volviéramos a casa a acompañar a nuestra madre.

Al poco tiempo vimos subir por la calle Conteros arriba varios camareros con bandejas de todo tipo, e hicieron el viaje varias veces. Cuando al día siguiente fuimos varios hermanos a liquidar la cuenta, que debía de ser cuantiosa, no quiso hacerlo de ninguna manera. Nos dijo algo así como “ya arreglaré cuentas con él allí arriba”.

Aquello nos emocionó profundamente y nunca lo hemos olvidado. Espero que ya se hayan encontrado en el cielo y hayan podido hablar de sus cosas, pues como comerciantes compartían inquietudes comunes. Descanse en paz el señor don Juan Robles, y que su familia reciba el más sentido pésame de la nuestra. 

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