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La prioridad, proteger a los mayores

En la protección de los mayores, los más vulnerables, deben centrarse todos los esfuerzos en estos momentos

En las últimas horas hemos tenido noticias descorazonadoras sobre la situación que viven algunas residencias de mayores en España, especialmente en la comunidad de Madrid. Pese a que se sabía de sobra que la población anciana era la que más riesgo corría en esta pandemia del Covid-19, en muchas de ellas no se han tomado las medidas necesarias, lo que es una grave negligencia tanto por parte de las autoridades como de los directivos de dichos centros. Los relatos son estremecedores, con geriátricos prácticamente desbordados, sin personal suficiente y sin medios materiales para combatir con eficacia el coronavirus. Tiempo habrá de dirimir responsabilidades cuando termine una pandemia que, cada hora que pasa, se revela como más peligrosa y amplia de lo que se había advertido en un principio. Ahora es el momento de centrar todas las energías en la lucha contra el virus para, sobre todo, minimizar las muertes. En este sentido, pese a que la enfermedad también puede ser grave para las personas jóvenes, nadie duda de que son los mayores de 65 años los que corren un mayor riesgo. En ellos deben centrarse todos los esfuerzos para evitar que se vuelvan a repetir las situaciones antes descritas. Todos tenemos nuestra propia responsabilidad en este cometido, evitando infectarnos y, sobre todo, intentando no infectar a nadie, especialmente a las personas de más edad. Se trata de que las palabras pronunciadas el pasado lunes por Pedro Sánchez no caigan en saco roto. A nuestros mayores le debemos todo, desde nuestra vida hasta la construcción del Estado democrático y próspero que hemos heredado. Ahora es el momento de devolverles una mínima parte de lo recibido. Cuando en otros países se les quiere dejar prácticamente a su suerte, y algunos quieren convencernos de la inminencia de un "conflicto generacional" por el control de los recursos, la sociedad española debe tener claro que no puede existir armonía social sin la necesaria colaboración y solidaridad entre los diferentes tramos de edad. Más allá de los lazos de afecto que nos unen a ellos por razones familiares, los mayores han aportado y aportan mucho. Durante la crisis fueron la red que salvó a miles de familias de caer en el abismo y, a diario, han posibilitado el trabajo de padres y madres ayudando en la crianza de los nietos. Por eso es nuestra obligación hacer todo lo posible por protegerlos en estos difíciles momentos. Nadie, como dijo el presidente del país, debe quedar atrás.

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