Tribuna

aNTONIO CHAVES RENDÓN

Juventud, esperanza del Mediterráneo

A finales de octubre tuvieron lugar dos eventos de especial trascendencia para la construcción de ese espacio de cooperación, progreso y paz que deberá ser el Mediterráneo. Así, durante el 23 y 24 de octubre se celebró en Malta el Foro Med 2016 que, organizado por la Fundación Anna Lindh, reunió a más de 600 delegados de los 43 países del espacio euromediterráneo con un objetivo común: compartir experiencias para definir una hoja de ruta que permita dar respuestas a los grandes desafíos del Mediterráneo. Agrupados en una misma ágora, jóvenes de múltiples nacionalidades hemos compartido esperanzas y realidad, hemos mirado al futuro, sin olvidar el pasado, hablamos de identidad propia sin dejar de reconocer la de nuestro vecino. Desde la isla de Malta se ha gestado una alianza en la lucha contra el extremismo y la radicalización a través el diálogo y la colaboración común, desde la firme convicción de que sólo desde el reconocimiento del valor de la diversidad podremos afrontar uno de los principales retos de la sociedad mundial del siglo XXI, que la razón y la paz se impongan sobre toda afirmación de violencia.

Siete han sido las recomendaciones dirigidas a las autoridades: el reconocimiento del rol de la sociedad civil y del papel de la juventud como sujeto activo de cambio, la necesidad de relanzar las políticas de movilidad e intercambio como vía para la construcción de una identidad multicultural, la reflexión sobre la relación entre migración y construcción urbana de nuestras ciudades, repensar la educación como verdadero instrumento de construcción de ciudadanía intercultural, la puesta en valor de las culturas y su dimensión económica como vector de desarrollo, el fomento de la participación de la juventud y su alejamiento de los argumentarios extremistas y, por último, el fomento de la emancipación de la mujer en toda su dimensión: económica, social y política. Grandes objetivos, que han de ser traducidos en políticas y, desde la política, en realidades para conquistar un futuro que a los jóvenes pertenece.

En la segunda de las grandes citas, celebrada el 28 de octubre, jóvenes de 10 nacionalidades tuvimos la ocasión de presentar la Agenda Social del Mediterráneo, fruto de las conclusiones del Foro Med 2016 de Malta, ante los ministros de Asuntos Exteriores de Argelia, España, Francia, Italia, Libia, Malta, Marruecos, Mauritania, Portugal y Túnez. A este encuentro estaba convocada como miembro de la delegación española la Fundación Tres Culturas, reconociéndosele así el importante papel en la promoción de los grandes debates del Mediterráneo de esta institución, que cumple este año su mayoría de edad. Los representantes de la sociedad civil de estos diez países fueron convocados para dar voz a las reivindicaciones que emanan desde el movimiento asociativo, desde la calle. Por parte de la Fundación Tres Culturas, que siempre ha abanderado el empoderamiento de la sociedad civil como principal herramienta de la consolidación de la democracia y las libertades civiles en el espacio euromediterráneo, defendimos con determinación la creación de un Consejo Consultivo de la Juventud en el Mediterráneo. Este espacio de representación, debate y confrontación de ideas habrá de dar voz a los jóvenes en su pluralidad cultural, social, religiosa y permitir visibilizar los grandes retos futuros. Se integraría por miembros de la sociedad civil y autoridades gubernamentales con competencias en políticas públicas que incidan en la juventud de los países que componen la Unión por el Mediterráneo. Dicho Consejo, tal y como defendía la Fundación Tres Culturas, tendría entre sus competencias el análisis de las políticas y legislación que en materia de juventud puedan tener un impacto efectivo en la realidad ', transformando con ello a los jóvenes en sujetos activos en la toma de decisiones. Porque el futuro, como ya quedó constatado a raíz de la revolución tunecina del año 2010, no puede realizarse de espaldas a los jóvenes. Hoy más que nunca, el Mediterráneo precisa de un diálogo sincero entre las dos orillas, entre iguales, entre ciudadanos del norte y del sur que entienden sus diferencias como una riqueza que les aporta y desde la cual construyen una identidad mestiza, viva.

Porque dialogar implica un doble ejercicio: saber escuchar primero para desde la experiencia, aportar y construir. Y eso es precisamente lo que necesita hoy en día el Mediterráneo: un "presente continuo" de muchos jóvenes cargados de compromiso de fuerza y de voluntad de transformación.

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