Tribuna

Jacinto Pérez Elliott

Patrimonio y visitas teatralizadas en el Real Alcázar

El autor puso en marcha la iniciativa cuando estaba al frente del monumento

Patrimonio y visitas teatralizadas en el Real Alcázar Patrimonio y visitas teatralizadas en el Real Alcázar

Patrimonio y visitas teatralizadas en el Real Alcázar

Mucho y bien se viene hablando de las visitas teatralizadas del Real Alcázar. Como decía Navarro Antolín desde estas mismas páginas hace poco, suponen una oportunidad única para gozar del patrimonio de nuestra ciudad en estas fechas.

No estamos acostumbrados a esta ciudad deshabitada. Desde que el turismo se hizo dueño del centro histórico, los residentes disminuyen alarmantemente y por causas de la pandemia hoy se nos presenta vacía.

Podemos darnos el consuelo estos días con el disfrute de nuestras calles y monumentos. El Real Alcázar es uno de ellos. Sus palacios y jardines están al alcance del sevillano. Al igual que ocurre durante el resto del año en horario nocturno, gracias a las visitas teatralizadas.

La primera visita de noche al conjunto patrimonio de la humanidad la realicé junto a compañeros de clase de Historia de la Arquitectura con don Rafael Manzano, allá por los ochenta: todo un privilegio. Fue un miércoles de otoño, cuando una lluvia torrencial ponía decorado de fondo a sus yeserías y alfarjes, mientras el maestro glosaba excelencias sobre sus hacedores. Quizás por esa y otras visitas posteriores, quise desde el primer momento en el que tomé posesión del cargo abrir al público el Alcázar en horario nocturno.

Esto no fue posible hasta el año 2013, casi dos años después de dicha llegada al cargo de Director-Conservador. Una Administración sumamente garantista, por la que se hubieron de abordar diversos temas antes de implantar las mismas, como la reforma de la web del organismo autónomo y modificar las ordenanzas fiscales reguladoras del Ayuntamiento de Sevilla entre las que se encuentra las tarifas de Real Alcázar, impidieron su puesta en práctica con más antelación. Hasta entonces era posible la visita de noche mediante la conformación de grupos a precio de entrada general por persona, más un canon de unos seiscientos euros… alto precio para el ciudadano de a pie o el turista interesado.

Del porqué hacerlas teatralizadas poco se conoce.

Fue el resultado de dos motivos fundamentalmente, uno el económico y otro el patrimonial. La idea en principio fue la implantación de una visita similar a la actual de la Mezquita-Catedral de Córdoba. Visita, que con un sistema audiovisual mediante auricular individual, duraría aproximadamente unos 45 minutos. El presupuesto ascendía, aproximadamente, a un millón doscientos mil euros e implicaba la sustitución de toda la iluminación general del conjunto palaciego. Elevado coste, junto a que este modelo implicaba que cualquier modificación en la programación de la visita supondría una nueva inversión.

Por otro lado, un único guión de visita impidiendo la versatilidad condicionaría la visión del monumento a la idea preconcebida de la dirección… No se debía caer en esa tentación y menos tratándose de un conjunto patrimonial como el Alcázar de propiedad pública. En unas palabras: no quisimos subjetivar la visión del monumento y menos aún perpetuarla en el tiempo.

La Ley de Patrimonio Histórico de Andalucía es tajante en este aspecto. Su artículo 19 prohíbe la contaminación visual o perceptiva de todo bien protegido al igual que toda interferencia que impida o distorsione su contemplación. Hasta aquellos elementos como pueden ser los efímeros, deben ser respetuosos con el monumento y exigen de su aprobación por parte del órgano consultivo, máxime para una visión general del monumento que se ofrece al espectador, como es el caso que nos ocupa.

Se quería dejar el Alcázar tal cual y como se nos muestra en la actualidad, sin alteración alguna posible.La diferencia notable entre la Mezquita-Catedral, un edificio compacto frente a un conjunto de edificios y espacios ajardinados, también ayudaron a buscar una alternativa, ya que la propia configuración arquitectónica dificultaba el sistema implantado en Córdoba. Nos decidimos por un sistema de visitas más versátil.

Gracias a Pilar Luengo, asesora cultural a la dirección, junto con la inestimable colaboración del tristemente fallecido director de la Academia Sevillana de Buenas Letras, el arabista Rafael Valencia, diseñamos unas visitas a modo de paseo que mediante personajes ligados a la historia del Alcázar, fueran mostrando la belleza del mismo, con el objetivo de que con pocos recursos y posibilidad de modificaciones de la puesta en escena y sin alterar la visión del conjunto palaciego, se pudiera alterar en el transcurso de los años.

Toda la belleza del monumento, junto a la dirección y producción de Alfonso Zurro y Juan Motilla al frente de la Compañía Teatro Clásico, generan un modelo que, a día de hoy, permanece y se ha ido reproduciendo en otros escenarios históricos de la ciudad.

De esta forma el Real Alcázar se nos presenta como es, mediante una experiencia personal para cada espectador y no viéndose alterado por más que las visitas nocturnas teatralizadas sean cambiantes en el tiempo.

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