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Tribuna

Jesús jordano fraga

Catedrático de Derecho Administrativo

Reflexiones sobre el 'Brexit'

Creo que los dirigentes tienen la obligación de lograr un acuerdo a fin de que los más débiles de la sociedad no paguen la fiesta de la dignidad nacionalista británica

Reflexiones sobre el 'Brexit' Reflexiones sobre el 'Brexit'

Reflexiones sobre el 'Brexit' / rosell

Todos los años, cuando se acerca el 31 de diciembre, corren los adivinos raudos a entregar selladas sus predicciones a un notario vaticinando todo tipo de calamidades y eventos (lógicamente alguna se acaba cumpliendo). Siento al escribir esto algo parecido a lo que deben sentir ellos, porque es imposible predecir el futuro, y si los dioses te dan esa facultad es como castigo, condenándote, como a Casandra, a que nadie te crea. Lo cierto es que, a estas alturas, nadie sabe lo que va a ocurrir el 31 de octubre de 2019, incluidos los propios protagonistas. Caben tres posibilidades: No deal (Brexit sin acuerdo), deal (Brexit con acuerdo) o cuento de la buena pipa (story of the good pipe, el Parlamento si no es disuelto pide prórroga). En estos últimos años todos hemos aprendido algo: el mundo no es como nos gustaría que fuera. Eso ha hecho posible los triunfos de Trump, Bolsonaro o que Boris Jonhson haya subido un 10 % en las últimas encuestas. Las cosas que van a pasar no coinciden con nuestros deseos, ni siempre se impone la moderación. Si los europeos hubiéramos votado en el referéndum del Brexit, el sí no habría ganado. Es el partido tory el que ha elegido un líder que no se sabe si va de farol.

Es bueno conocer por qué el no deal es una posibilidad que tiene apoyo y que puede ocurrir. Va a ocurrir. Ni siquiera una moción de censura podría pararla, ya que, a falta de respaldo de la propuesta alternativa, las elecciones deberían celebrarse en el plazo de siete semanas desde que se perdiera una segunda votación. De suyo, el discurso es parecido al que propició la victoria en el referéndum. Según Johnson, se trata de respetar el resultado del referéndum y dar más dinero para el NHS (sanidad pública) y para incrementar el número policías en las calles. En Gran Bretaña conviven dos almas como en la mayoría de los países (Estados Unidos no es sólo Trump): coexisten la moderación y extremo, el europeísmo y el aislacionismo. Un buen amigo de Brighton -ahora ya mas sevillano que inglés- me explicaba que la nostalgia imperial impregna la cultura y el chauvinismo. Eso explica las singularidades como el volante a la izquierda, el sistema de pesos, la moneda. Este el sentimiento de ser diferente lo que ha impregnado el deseo de abandono y el propio status quo diferencial de Gran Bretaña en la UE (el cheque británico).

Siendo un demócrata convencido no creo que toda cuestión deba someterse a referéndum (el ejemplo paradigmático es la pena de muerte o los impuestos), y que si esto se hace, la mayoría exigible para secesiones europeas o nacionales no puede ser la mayoría simple. A mi juicio, en un mundo interdependiente, el Brexit para ellos y para nosotros es una locura desde el punto de vista económico. Pero es difícil contraponer esto frente a la simpleza de un mensaje (más dinero para sanidad pública, más policías y que la UE no nos prohíba tomar el té a las cinco de la tarde).

Llegados a este punto, conviene hacer algunas reflexiones. España y Andalucía deberían hacer planes de contingencia. Puede no ser un farol negociador. Estos planes deben contemplar como mínimo medidas económicas paliativas (reforzamiento de medios en aduana congruente con el aumento de funciones; sector turístico y agrícola -que palien la previsible caída de ese mercado), la especial situación de Gibraltar y la asistencia a la población española residente en Gran Bretaña. La historia demuestra que las cosas que no pueden ocurrir finalmente ocurren.

Quizá la situación tenga todavía posibilidad de encauzamiento. Ante un daño tan grave para nuestras economías y las personas, la obligación es buscar una alternativa. Si se trata de elegir el mal menor, dejar caer el irish back stop (o salvaguarda irlandesa), sin duda, es menor que el desastre de un Brexit sin acuerdo. Recordemos al lector que el famoso back stop es una medida dirigida a evitar que tras el Brexit se instaure una frontera con controles y aduanas entre el Ulster (Irlanda del norte) y el resto de Irlanda, lo que iría contra el status quo tras el Acuerdo de Viernes Santo. Esta salvaguarda sólo debería entrar en vigor si para diciembre de 2020 no hay un acuerdo comercial entre la UE y el Reino Unido. La solución alternativa preferible es introducir un límite temporal al back stop, algo hasta ahora rechazado por la UE y fiarlo todo al obligado Acuerdo comercial posterior. Se trataría de dar una salida al toro Jonhson.

Creo que los dirigentes tienen la obligación de lograr un acuerdo a fin de que los más débiles de la sociedad no paguen la fiesta de la dignidad nacionalista británica. Una caída del PIB provocada por el Brexit en un momento en que acechan una recesión mundial y las guerras comerciales desatadas por Trump es un mal a evitar. España acaba de salir de la peor recesión de su historia. No podemos soportar otra. Como decían los romanos Salux populi suprema lex (el bienestar del pueblo es la ley suprema).

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