La tribuna

Barreduelas y naranjos

Barreduelas y naranjos
Tomás García
- Doctor En Biología

El casco viejo de Sevilla está conformado en buena parte por una trama de callejuelas, callejones y plazuelas que proviene del trazado andalusí de la urbe, asimilado después por los cristianos. Persiste una cierta confusión con el término barreduela, definido de modo ambiguo por la Real Academia: “Plazoleta, por lo común sin salida”, de tal forma que un simple callejón no debería ser denominado barreduela si no presenta al final un ensanche o placita. Es un concepto derivado del primitivo adarve: “En las antiguas ciudades musulmanas, callejón particular que daba acceso a las viviendas situadas en él y que se cerraba por las noches” (RAE). El nombre procede en origen de barrera, enclave protegido del ajetreo de las calles principales. Visitaremos cuatro barreduelas históricas, embellecidas todas por los emblemáticos naranjos agrios hispalenses.

Comenzamos en el Barrio de Santa Cruz con la fantástica barreduela de Santa Marta, junto a la antigua mezquita de los Ossos, después hospital y hoy convento de monjas agustinas de la Encarnación; alberga un crucero del s. XVI procedente del Hospital de San Lázaro y seis espigados naranjos que suspiran buscando el sol, recordándonos los vahídos amorosos de legendarios encuentros entre Don Juan Tenorio y su amada Doña Inés. Continuamos en el mismo barrio y nos dirigimos a la barreduela de la Escuela de Cristo, “un claustro al raso” alumbrado por cuatro naranjos y proveniente del desaparecido convento de la Orden de Clérigos Menores del Espíritu Santo; queda oculta de noche por una puerta al final de un callejón que nace en Ximénez de Enciso y nos ofrece de día los trinos de los pajarillos que acuden a sus árboles, así como los ecos de rezos en horas de culto del Oratorio de la Escuela de Cristo y la Iglesia de Santa Cruz. La barreduela de Enrique el Cojo contiene tres esqueléticos naranjos en macetones y fue rotulada en 1985 a mitad de la calle Espíritu Santo, donde mantuvo el maestro bailaor una famosa academia: “Cuando salía a bailar se transformaba; zapateaba a su manera, con el pie cojo... y bailaba de una forma maravillosa” (Cristina Hoyos). Finalizamos la andadura en la bien conservada barreduela de Gandesa (localidad tarraconense), la cual nos muestra un azulejo dieciochesco de la Virgen del Carmen en un palacete y un par de naranjos, abriéndose a la calle Corral del Rey a través de una artística cancela de hierro que suele cerrarse en horas nocturnas.

La arrobadora fragancia del azahar anunciando liturgias o festejos primaverales y el suave olor de las naranjas bañando los aires otoñales de estas plazoletas penetran en nuestra alma al acceder a ellas, aportándonos paz en unos rincones exclusivos que perderían su encanto sin unos naranjos agrios asociados en estos espacios de manera íntima con las cercanas piedras centenarias, inquietos árboles que se estiran en busca de la ansiada luz solar entre unos apretados muros para vivificar ensoñadores espacios de realidad y de leyenda.

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