Tribuna

Alfonso lazo

Historiador

El cuestionario

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El cuestionario

Desde el campus universitario del Camino de Oregón, donde ejerce como profesor invitado pero sigue con interés las cosas de España, Aldo Carmona me remite un a modo de cuestionario que se hace a sí mismo para intentar comprender si él es hombre de izquierdas o de derechas de acuerdo con la tipología vigente española tan distinta a la de Estados Unidos. Reproduzco aquí algunos párrafos, más metapolíticos que políticos; las dudas son suyas, no mías.

"Empiezo -escribe Aldo- por descubrirme en cuanto a las cuestiones de sexo tan de moda al parecer en el debate público español. Me confieso, señores, que me traen sin cuidado los gustos amorosos de los demás, porque lo que a mí me gusta son las mujeres a las que les gustan los hombres. Eso sí: me repugnan los tipos de señorito chulo que hicieron la vida imposible a un Miguel de Molina, o los comunistas italianos que expulsaron del partido a Pasolini "por maricón", o las damas histéricas y puritana que quieren hacernos tragar su totalitaria ideología de género".

"Pero hablemos de cosas más serias: la libertad individual sobre todo; libertad de expresión, libertad de crítica, libertad de cátedra; ninguna censura previa, ningún índice de expresiones prohibidas, la libertad personal de cada ciudadano es un bien en sí mismo y por lo tanto intocable. De aquí, mi defensa de la democracia, puesto que sólo en democracia pueden ser posibles esas libertades: pueden, no es una seguridad, ya que caben democracias totalitarias cuando la mayoría priva de su libertad a la minoría. En las cosas importantes siempre hay que matizar, huyendo tanto del dogmatismo como de las ambigüedades de consensos contradictorios".

"El dogmatismo sin matices, por ejemplo, de la Iglesia Verde. Soy un enamorado de la naturaleza: de las playas desérticas y arenosas, de los bosques limpios de barbacoas, de las grandes caminatas por el campo, del aire puro no contaminado y me horroriza el muro de cemento que vuelve a crecer a lo largo de las costas de España; pero nada de esto tiene que ver con un supuesto cambio climático provocado por el hombre. La historia me ilustra sobre los calentamientos y enfriamientos naturales del planeta. Soy un ateo frente a los sermones de la nueva religión de la Madre Tierra (que por cierto ni siente ni padece) incompatibles con el saber científico".

"Siento también como desgracia propia ver a España tan politizada que la política alcanzada incluso la alta cultura y las artes. Y en este punto me veo de nuevo como dividido; así, amo la pintura figurativa (un Ramón Gaya, un Antonio López) y, en consecuencia, me río de los negros brochazos de Tápies o los garabatos del último Miró. De modo que seguramente soy un reaccionario. Pero ocurre que al mismo tiempo en arquitectura abomino de los pastiches que los turistas toman por auténtico, y exijo de los constructores verdad y belleza. ¿Soy entonces hombre de izquierdas o es que tengo muy mal gusto?".

"Si sacamos la política de donde no debe estar, el buen gusto se adquiere en colegios e institutos de Enseñanza Secundaria, y con buenos profesores. Un profesor satisfecho es siempre un buen profesor; y como los presupuestos de Educación no son elásticos habrá que compensarlos con menos trabajo burocrático y más tiempo libre para pensar y preparar las clases, liberados del siniestro papeleo inseparable del intervencionismo político, a su vez inseparable de la autoproclamada izquierda. En suma: ¿Qué soy? ¿Cómo estampillarme a mí mismo?" Así termina el frustrado cuestionario de mi amigo Aldo.

No sé qué contestarle; y además creo que este estampillamiento derechas-izquierdas no depende de lo que uno sea, sino de lo que decreten los grandes imperios mediáticos acerca de quiénes son los buenos y quiénes los malos. En realidad, cada hombre es de izquierdas y de derechas a la vez según la cuestión planteada. La hiperpolitización y el encasillamiento forzoso sólo nos conducen por hartazgo al odio hacia la política. En un futuro (¿lejano?) serán movimientos "transversales" los que acaben llevándose a la gente. Casi estuvo a punto de conseguirlo Podemos, en cuyas filas, al principio, había desde falangistas a bolcheviques de 1917, pasando por anarcoides, comunistas de todo tipo e incluso demócratas cristianos, unidos por una sola idea-fuerza (no una ideología): echar a lacasta. Luego, ya se sabe, Podemos se ha convertido en un partido común con todos sus vicios y ninguna de sus virtudes. Pero vendrán otros, sin ser lo mismo.

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