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El valor de volver a empezar

  • La historia de Pilar es un ejemplo más del compromiso social de Clece, inherente a la empresa desde sus comienzos, cuyo propósito es integrar laboralmente a personas procedentes de colectivos vulnerables

La integración de personas procedentes de colectivos vulnerables es inherente a Clece. La integración de personas procedentes de colectivos vulnerables es inherente a Clece.

La integración de personas procedentes de colectivos vulnerables es inherente a Clece.

Las personas con discapacidad o en riesgo de exclusión social y las víctimas de violencia de género son algunos de los colectivos más vulnerables de nuestra sociedad. Se trata de personas que requieren de servicios y cuidados muy específicos para promover su desarrollo, integración, autonomía y mejorar su calidad de vida, uno de los principios fundamentales de Clece.

Además de los usuarios a quienes van dirigidos sus servicios, algunos de sus empleados han protagonizado historias de superación en las que la oportunidad de trabajo que les ha brindado Clece ha sido fundamental para superar situaciones de gran vulnerabilidad que les impedían avanzar en su vida.

El compromiso social de Clece por integrar a colectivos vulnerables es inherente a la empresa. Ese compromiso se traduce en historias como las de Pilar (nombre ficticio), quien tuvo que huir de su ciudad porque era maltratada por su pareja. Con medio siglo de experiencias ingratas, ¿imaginan volver a comenzar de nuevo? Pues Pilar aterrizó a miles de kilómetros de su lugar natal hace algo más de un año. Llegó a Marbella y no conocía a nadie. "Estuve durmiendo en la calle", explica emocionada, "y comiendo cuando podía".

En su nueva ciudad de adopción, se puso en contacto con la trabajadora social quien la derivó a un centro de Cruz Roja donde, relata, "me daban de comer, apoyo psicológico y también conseguía algún trabajo esporádico". En ese contexto, tuvo la ocasión de realizar una entrevista con Clece que le ofreció un contrato con una jornada de trabajo que le permitiera salir adelante y pagarse una habitación en un piso compartido.

Las ganas de seguir adelante y de mejorar su situación la llevó a tener otras oportunidades laborales. Así fue como empezó a trabajar como auxiliar de personas mayores. La voz de Pilar vuelve a vibrar cuando explica que ahora duerme en una cama y come en casa. "Las cosas van mejor -sonríe- aunque no dejo de ir a Cruz Roja como voluntaria".

Clece cogió la mano de Pilar y no la ha soltado en su sustento y formación. Le cambia el rostro a esta valiente mujer cuando cuenta que acaba de terminar un curso de Atención Sociosanitaria gracias a la asociación Corazón y Manos, creada por los propios trabajadores de Clece y a la empresa que, agradece, "me han apoyado muchísimo". Ahora, asume, "tengo una formación y trabajo. Baño a las abuelas, y me quieren mucho, muchísimo. Me encanta el trabajo que hago y espero vivir con salud para seguir haciéndolo".

Clece ofrece entre sus servicios el de Ayuda a domicilio. Clece ofrece entre sus servicios el de Ayuda a domicilio.

Clece ofrece entre sus servicios el de Ayuda a domicilio.

Dar la caña y no el pescado

Celia López García es trabajadora social, jefa del servicio de Clece en Marbella de Ayuda a domicilio. Se encarga, precisamente, de que todo se desarrolle conforme a la normativa legal y laboral (Ley de Dependencia). "Cuando me hablaron de Pilar y me comentaron la situación tan precaria en la que se encontraba, además del bagaje y sufrimiento acumulado a su edad, consideramos que necesitaba un refuerzo positivo y, efectivamente, le hemos dado una herramienta formativa que le permitiría encontrar un empleo en cualquier lugar de España".

El curso profesional de Atención Sociosanitaria que cualifica a Pilar para poder trabajar en Ayuda a domicilio lo ha pagado íntegramente la Asociación Corazón y Manos. "El nivel de sensibilidad de las cosas que ocurren en nuestra empresa es más alto", explica López. Por ese motivo, "le adaptamos el horario de trabajo para que pudiera asistir al curso. Soy una privilegiada porque tenemos la posibilidad de generar empleo y, cuando podemos, lo hacemos con personas que, sin duda, merecen una segunda oportunidad".

Un apoyo que Pilar ha aprovechado al máximo, sin duda, teniendo a todos sus usuarios encantados. "Puedes tener un problema y que se encone porque no puedes superarlo o que aparezca la maravillosa palabra resiliencia y aprovechas lo que la vida te ofrece", sentencia López, quien insiste en que, lo que más le agrada, “es que le hemos dado la caña a Pilar y no el pescado, es lo más idóneo”.

La violencia de género, denuncia López, daña a la mujer y a su entorno. De hecho, Pilar se vino sola a Marbella y habla por teléfono con sus hijos, que saben dónde se encuentra pero no vienen a verla. "Hay víctimas que transmiten dolor, miedo, pero ella no. Estaba acostumbrada a sufrir", lamenta la jefa de servicio. "Es gratificante y una experiencia muy enriquecedora a nivel humano arropar a alguien que se encontraba en un estado de deterioro interno tan grande. Poder haberla acompañado en su proceso de superación ha sido igualmente importante y emotivo. Sobre todo, porque ella ha querido superarse, ha aprovechado la herramienta. Verla disfrutar con la comida de fin de curso de su formación fue maravilloso; cómo algo tan pequeño, pero tan necesario como el empoderamiento y la independencia económica puede hacer a alguien tan feliz...".