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El fin del colchón de lana pone en peligro una oveja autóctona

  • La churra lebrijana está al borde de la extinción porque su producción ya no es rentable

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La oveja churra lebrijana, una raza autóctona de Sevilla, está en peligro "extremo" de extinción por la poca rentabilidad económica de su lana, que se usaba sobre todo para rellenar los colchones, y de los corderos que cría, con menos rendimiento que los de otras razas.

Ahora sólo quedan 200 ejemplares de esta oveja, la mayoría de ellos (150) en la finca Monte San Antonio que la Diputación Provincial de Sevilla tiene en Cazalla de la Sierra, aunque también hay ejemplares entregados a la Fundación Doñana y a un ganadero de Huelva que mostró interés por su crianza.

Uno de los tres veterinarios de la Diputación, Antonio Siles, explicó a Efe que la institución provincial acudió en "auxilio" de esta raza y cuida a las ovejas en su finca de Cazalla de la Sierra desde hace 13 años, cuando compraron los últimos ejemplares que quedaban en las marismas del Guadalquivir, el que es su hábitat natural.

Esta oveja se caracteriza por tener unas fibras de lana largas de hasta 30 centímetros, bastas y sin ondulaciones, lo que le resta calidad y le impide su comercialización para la industria textil, y es exclusiva de esta raza la presencia de "moña" o lana en el frontal.

La lana de esta raza ovina tenía rendimiento económico cuando era habitual rellenar los colchones con este producto, lo que se dejó de hacer hace unas décadas, cuando cambiaron los materiales, según puntualizó el veterinario.

Las extremidades son muy delgadas, pero de pezuñas fuertes y buenos aplomos, lo que les permite una buena adaptación a las zonas de marismas, aunque ahora, en la Sierra Norte de Sevilla, también están proliferando gracias a los cuidados de los veterinarios de la Diputación Provincial de Sevilla y del pastor que las atiende, Antonio Argüelles. El pastor ha destacado que esta oveja es "muy bronca" en su comportamiento respecto a otro ganado con el que está acostumbrado a trabajar, lo que le impide acercarse mucho a ellas y le obliga a dar amplios rodeos para conducirlas hasta las naves en las que pasan la noche sin pasar cerca de la población.

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