Javier Lasarte | Catedrático jubilado de Derecho Financiero y Tributario de la UPO

“La mejor forma de combatir el fraude fiscal es gestionar bien el dinero público”

  • Catedrático en Granada, Sevilla y la UPO, ha sido un brillante colaborador de Hacienda en cuestiones varias y el primer presidente del Consejo para la Defensa del Contribuyente

Javier Lasarte, en su despacho de la UPO Javier Lasarte, en su despacho de la UPO

Javier Lasarte, en su despacho de la UPO / Juan Carlos Vázquez

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Pese a estar ya jubilado, Javier Lasarte Álvarez (Herrera, Sevilla, 1940) sigue acudiendo a su despacho en la Universidad Pablo de Olavide, donde culminó una amplia y fecunda carrera académica que le llevó, además, a las universidades de Sevilla y Granada (también ha colaborado con la Sorbona o la Universidad de Bolonia, entre otras). Él se excusa y dice que lo hace “por la informática”, poque allí le resuelven los problemas que le plantea el ordenador, pero se nota a leguas que le gusta el contacto con la Olavide, especialmente con los profesores más jóvenes y prometedores. Lasarte, que reside en el barrio del Porvenir y al que no es raro verlo pasear por el Parque de María Luisa, ha sido también un fiel colaborador del Ministerio de Hacienda. Además de trabajar con el Instituto de Estudios Fiscales o asesorar al ministro Jaime García Añoveros y al entonces secretario de Estado de Hacienda Josep Borrell, con el PP fue el primer presidente del Consejo para la Defensa del Contribuyente y ha participado en numerosas comisiones creadas para el fraude fiscal, la financiación autonómica o la reforma de la Ley General Tributaria. Como investigador, ha recibido los premios del Instituto de Estudios Fiscales y del Centro de Estudios Constitucionales. Es miembro de la Real Academia Sevillana de Legislación y Jurisprudencia.

–Nacido en Herrera...

–Pero a los pocos días me llevaron a Teba, un pueblecito de la sierra de Málaga. Allí me crié hasta los siete años más o menos. A los 11 me fui con mis padres a Bailén, hasta que me vine a estudiar a Sevilla. Mi familia había sufrido mucho en la guerra, con la pérdida de varios de sus miembros, por lo que fui una auténtica alegría... Teba se me quedó en el corazón.

–¿Y por qué se fueron a Bailén?

–Porque mi padre era secretario de Juzgado. En el juzgado de Bailén pasé muchas horas de pequeño. Había un juez muy competente, Emilio Briones, que me sentaba a su lado para que viese cómo se desarrollaban las cosas del foro.

–La carrera la hizo en Sevilla.

–Estuve en el colegio mayor Hernando Colón cinco años y, cuando me incorporé a la Universidad como profesor, me fui a vivir a Alfonso XII, donde estaba la residencia del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, en la Escuela de Estudios Hispanoamericanos. Para mí fue una experiencia magnífica. El director era del Opus Dei, pero jamás hacía proselitismo. Allí viví con historiadores, arquitectos...

–Ahora está de capa caída...

–Hace tiempo. La estancia me sirvió también para aficionarme a la música gracias a Julio García Casas. Allí se celebraban los conciertos de Juventudes Musicales, a los que solía acudir Ramón Carande.

–Dígame un maestro

–En mi materia, principalmente, Jaime García Añoveros. En la carrera me impresionó mucho Giménez Fernández...

–Como a tantos...

–Mantuve una gran amistad con él y siempre hablábamos con confianza. En la Transición había infinidad de políticos que decían que habían sido íntimos de Giménez Fernández. Le aseguro que no había tantos. De él me gustó su espíritu liberal, muy respetuoso con los valores cristianos, pero siempre muy avanzado. También me deslumbraron Clavero Arévalo y Manuel Olivencia.

–Además de docente universitario, ha colaborado muchas veces con el Estado.

–He estado vinculado al Ministerio de Hacienda, mediante mi participación en comisiones o asesorando, desde que el director del Instituto de Estudios Fiscales era Enrique Fuentes Quintana, un personaje excepcional. Esta vinculación se estrechó cuando hicieron ministro a Jaime García Añoveros, que me nombró su asesor, cargo que desempeñé sin dejar mi trabajo como catedrático de la Universidad de Granada. También colaboré con Borrell, cuando era Secretario de Hacienda. Me sorprendió su inteligencia, lo rápido que aprendía... Tenía una capacidad enorme.

–El PP le llamó para ser el primer director del Consejo para la Defensa del Contribuyente, entre 1997 y 2001. Sinceramente: ¿se respeta al contribuyente en España?

–Mi lucha en este cargo fue fuerte. Siempre he tenido una valoración muy positiva de la administración tributaria, porque actúa con una enorme profesionalidad. Pero al mismo tiempo creo que quedan muchas cosas por hacer para respetar al contribuyente. A veces, los funcionarios reciben órdenes muy estrictas sobre el mantenimiento de la recaudación y tienen un sistema de objetivos que les obliga a llevar a cabo actuaciones muy duras. Las relaciones entre Hacienda y el contribuyente son manifiestamente mejorables. La administración tributaria debería tener más capacidad de información y ayuda al contribuyente, quien, por supuesto, no debe defraudar.

Las relaciones entre Hacienda y los contribuyentes son manifiestamente mejorables

–Está esa famosa frase de Carmen Calvo y que tantos comentarios ha provocado: “El dinero público no es de nadie”.

–Todos podemos decir alguna tontería de vez en cuando. Cuando se dice eso se demuestra un desconocimiento de lo que es Hacienda y el Estado. Aquella frase es todo lo contrario del famoso lema que se lanzó en tiempos de Añoveros: Hacienda somos todos.

–Pues hay gente que dice que algunos son más Hacienda que otros, que sólo los pobres pagan impuestos...

–Eso no es verdad, aunque sí lo es que los ricos están mejor asesorados y tienen más capital. Hacienda tiene que tener mucho cuidado con lo que hace con el capital, que es muy cobarde y puede huir en cualquier momento. Si lo maltratas, te cargas las inversiones y la permanencia del dinero en nuestro país, que es lo que genera empleo. Ahora bien, los parámetros que se aplican a las rentas del trabajo –que son las que tienen la mayoría de los españoles– son más estrictos que los que se aplican al capital y el patrimonio... Desde sus inicios el grueso de la recaudación por el IRPF proviene de las rentas del trabajo.

–¿Qué opina de las amnistía fiscales?

–Sobre la última, siempre me llamó la atención la negación del Ministerio de que aquello era una amnistía. Se usaban todo tipo de eufemismos. Estoy en contra de las amnistía fiscales, porque son muy poco ejemplarizantes en el cumplimiento de las obligaciones. El perdón de los pecados tiene que ver con la religión y la moral, no con el Derecho. Pero comprendo que hay situaciones en las que es mejor recuperar capitales huidos de España que andar pegando palos.

–Fue vocal en la comisión sobre fraude fiscal.

–La primera que creó Añoveros.

–¿Hay mucho fraude fiscal en España?

–Por supuesto. El fraude está muy extendido por toda Europa, sobre todo el vinculado al IVA. En las operaciones intracomunitarias es monumental. Es lo que llaman fraude carrusel o fraude trucha... Existe en España, Italia, Bélgica, incluso en Holanda... parece que algo menos en Alemania.

–¿En qué consisten esos fraudes carrusel?

–Por ejemplo: adquirir mercancías en España y decir que se llevan a Alemania, con lo cual no pagan IVA en nuestro país, pero después no llegan a Alemania y sí se venden en España. O cuando llegan a Alemania no se declaran allí... Es un fraude muy complejo

–¿Cuál es la mejor forma de combatir el fraude?

–Gestionar bien el dinero público. Si el dinero de todos se usa mal es lógico que la gente se resista al pago de impuestos. La corrupción hace un espantoso daño en el cumplimiento de las obligaciones fiscales, y desgraciadamente tenemos muchos casos de corrupción.

Desde sus inicios, el grueso de la recaudación por el IRPF proviene de las rentas del trabajo

–Me gustaría hablar del concierto vasco. Es algo que está dentro de nuestro ordenamiento constitucional y, por lo tanto, debe contar con el máximo respeto. Sin embargo, últimamente se están alzando muchas voces políticas y mediáticas en su contra.

–Una cosa son los sistemas del concierto vasco y el convenio navarro y otra el resultado de los mismos. Como usted dice están recogidos en la Constitución y hay que respetarlos, pero está claro que los resultados no han sido justos para las demás comunidades autónomas, porque hoy en día el País Vasco disfruta de una financiación mucho mejor que el resto de las regiones. Precisamente, el nacimiento del actual problema catalán empezó porque pretendían una financiación similar a la vasca, aunque luego derivó en una cuestión política... Debemos respetar el concierto, pero hay que determinar el cupo con justicia. ¿Por qué la financiación por habitante del País Vasco debe ser superior a la de Andalucía? Yo no le encuentro justificación. La tendencia debe ser a la igualdad de la financiación de los servicios públicos en todas las autonomías. Este asunto se acordó cuando España vivía unos momentos muy complicados debido, entre otros asuntos, al terrorismo de ETA. Nos levantábamos todas las mañanas con un atentado. Ni el Gobierno ni el Parlamento hicieron del todo bien su trabajo en esta materia, pero la presión era inmensa.

–Precisamente, ahora mismo hay abierto un debate entre las comunidades de régimen general sobre la financiación autonómica. La cuestión es muy difícil, porque hablamos de un juego de suma cero, lo que uno gana lo pierde el otro...

–Eso está claro. ¿Cómo se puede llegar a un acuerdo? Yo creo que con buen gobierno. Es un problema que requiere ejercer el arte de la política. Ya sabemos que cada comunidad autónoma tiene que defender sus intereses, pero parece evidente que en el Estado debe haber personas que puedan llevarnos a un acuerdo admisible para todos. Simplemente admisible. Todos comprendemos que no es lo mismo una zona industrial como Tarragona a una provincia como Jaén. Estamos hablando de necesidades distintas que hay que resolver de manera distinta. Un político mediocre nunca sabrá arreglar este tipo de asuntos y, desgraciadamente, hoy tenemos muchos políticos mediocres.

Debemos respetar el concierto vasco, pero hay que determinar el cupo con justicia

–Desde Andalucía se denuncia que otras comunidades autónomas, como la de Madrid, están practicando el ‘dumping’ fiscal para captar inversiones y capitales.

–Yo es que no creo que la comunidad de Madrid esté bajando temerariamente los impuestos, sino que es una región con un tirón económico enorme y, en consecuencia, puede permitirse el no utilizar las competencias que tiene para aumentar los tributos sin pedir más dinero al Estado. Como en todos los países, en el nuestro hay un nivel de desigualdad que hay que saber gestionar. No es igual la Italia del norte que la del sur. ¿Qué hace un buen gobernante? Intentar igualarlas y, si la del sur no está en condiciones de despegue económico, al menos se encarga de atender adecuadamente a sus ciudadanos. ¿Qué hacen los políticos radicales como los de la Liga Norte? Enfrentar a unos con otros. En España sucede algo similar. Nunca hay que gestionar nuestras desigualdades territoriales mediante el enfrentamiento o la uniformidad total. Eso, insisto, hay que manejarlo con arte político, teniendo en cuenta las necesidades de las zonas más industrializadas, pero siempre buscando una igualación en los niveles de atención a los ciudadanos en cuestiones como la sanidad, la educación o la seguridad.

–¿Es usted partidario de la supresión completa del impuesto de sucesiones, el de las herencias?

–No. Ni el de sucesiones ni el de actos jurídicos documentados. Lo que sí parece claro es que, si queremos que subsistan, hay que reformar los dos. También hay que controlar las disparidades autonómicas de ambos impuestos. Se les dio demasiado margen a las comunidades en este asunto.

–¿La presión fiscal es muy elevada en España?

–Se asemeja a la media europea y a la de los estados democráticos y de derecho. Pero medir la presión fiscal sin medir paralelamente la eficiencia en el uso del dinero público es un error. Yo puedo aceptar tener mucha presión fiscal si los servicios públicos fundamentales funcionan adecuadamente, pero no lo contrario.

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