Betis-Stade Rennes | Contracrónica De la alegría a la decepción

  • La primera derrota en Europa del Betis llega en el justo momento en el que no debe permitírsela

  • El Valencia, en su otra final, se frota las manos

Loren, cabizbajo, con los franceses celebrando el pase a octavos. Loren, cabizbajo, con los franceses celebrando el pase a octavos.

Loren, cabizbajo, con los franceses celebrando el pase a octavos. / Antonio Pizarro

Decepción. De profunda y absoluta decepción. Éste fue el sentimiento generalizado de las más de 40.000 almas que acudieron al Benito Villamarín para ver a su equipo ante el Stade Rennes en la primera derrota bética de la temporada en Europa, que llegó en el peor momento. Justo cuando no se podía fallar. Justo cuando no había vuelta atrás. Justo en ese momento, el Betis recurrió a su propia historia, labrada en base a grandes gestas y absurdos tropiezos, para volver a ser él mismo. Y la eliminatoria cayó del lado galo. Datos estadísticos en la mano, 4-6 a su favor.

Ante el Stade Rennes se iniciaba una semana en la que el equipo de Quique Setién se jugaba prácticamente toda la temporada. Un ser o no ser que de momento se ha iniciado de la peor forma posible. Ante el conjunto galo, que escribía su propia historia tras disfrutar los dieciseisavos, los verdiblancos se jugaban el pasar a octavos de final de la Liga Europa, un hito que no alcanzará ya después de ser eliminado. El próximo jueves, ante el Valencia en Mestalla, se pondrá sobre la mesa el billete para la final de su Copa del Rey. Y sólo lograrlo podría quitar el mal sabor de la boca del bético en estos momentos. Y quizás ni eso.

La ilusión del beticismo minutos antes del inicio del partido quedó quebrada a los pocos instantes de la primera mitad. Los de Setién, bastante señalado con la puesta en escena y sus decisiones, demostraron no haber aprendido nada del partido que la semana pasada tuvo lugar en tierras francesas, de donde llegaron con la ventaja del resultado a domicilio (3-3).

Porque, como tal y como ocurrió en Rennes, el cuadro bético regaló dos goles en apenas diez minutos. Del 0-1, tras un córner, al 0-2 apenas pasaron 600 segundos. En poco más de un abrir y cerrar de ojos, la eliminatoria volvía a ponerse cuesta arriba. Y, claro, remontar una vez puede darse, hacerlo dos veces es más difícil.

El segundo tanto, obra de Hunou, sentó como un auténtico jarro de agua fría para la grada, que enmudeció durante unos minutos. Pero, confiados en que su equipo sacaría la garra de otros partidos y tiraría de historia, de la positiva, volvió a convertirse en el duodécimo jugador. El gol de Lo Celso, uno más en la temporada, daba oxígeno y refrendaba esa idea.

Sin embargo, con el paso de los minutos, esa luz esperanzadora fue desvaneciéndose. Los delanteros no atinaban, las ocasiones parecían llegar con más corazón que cabeza, y los minutos se iban consumiendo a la vez que las ilusiones béticas volvían a apagarse, hasta convertir los últimos 20 minutos en un auténtico quiero y no puedo. Sin fuerzas, y con numerosos espacios atrás, la sentencia del tercer gol llegó en el tiempo añadido, cuando las fuerzas ya flaqueaban y el depósito de gasolina había agotado incluso la reserva. Las ilusiones verdiblancas, sepultadas.

Habrá que ver cómo afecta este tropiezo al equipo bético en una semana en la que se juega prácticamente toda la temporada. Levantar mentalmente al grupo será clave para los próximos duelos. Y en Valencia se frotan las manos.

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