Derbi Betis - Sevilla Emoción de la buena

  • El cambio de dibujo de Rubi da más confianza al Betis y más incertidumbre a la ya habitual en estos pulsos

Borja Iglesias y Loren, el ataque del Betis. Borja Iglesias y Loren, el ataque del Betis.

Borja Iglesias y Loren, el ataque del Betis. / Juan Carlos Muñoz

Con el de mañana serán ya 97 los derbis sevillanos en Primera. Si no media hecatombe, en el primer semestre de 2021 se cumplirá ya la centena de partidos de la llamada “máxima rivalidad” local. El que empezará a crepitar al poco de que se cierren las urnas electorales se anuncia aún más incierto de lo que ya suelen ser estos encuentros de pelaje tan especial. El motivo, la repentina y muy oportuna activación del Betis según Rubi.

Este siglo XXI arrancó con derbis en los que la violencia le daba codazos a un juego que ya de por sí se orillaba por su bajo nivel. Muchos empates a nada y telediarios para el sonrojo. Pero en las últimas campañas todo cambió. Los disturbios no pasan de lo habitual en cada ciudad del planeta fútbol, los piques inevitables, más verbales que otra cosa, entre los radicales de verde y los de rojo. Y al mismo tiempo, el juego ha ido ganando en vuelo. En jugadas para el recuerdo. En alternativas. Un 3-3 tras 0-3 inicial del Sevilla; un 5-1; un 3-5; el 3-2 último de Nervión, con alternativas y buenos ataques. Emoción de la buena, la del deporte. Por ahí hay que seguir.

La mentalidad

El Betis de la segunda parte ante el Celta era la Alfalfa un Martes Santo. Puro desorden. El caos absoluto. Pero el golpeo preñado de calidad de Nabil Fekir al rincón de la jaula cuando ya no había tiempo para más despejó, sobre todo, la mente del bético. Esos tres puntos que sacaron a los verdiblancos de la zona de descenso le dieron una bola extra a Rubi. Y el preparador catalán aprovechó la visita al Santiago Bernabéu, sin pivote defensivo de la primera plantilla disponible, además, para atender los ruegos de muchos y cambiar a defensa de cinco. Era el momento por todo, nadie podía afearle ese cerrojo tras comparecer en la capital como equipo más goleado de la categoría (21).

Y salir por su propio pie del gran rodeo blanco, con un punto que es mucho más que un punto por el valor anímico, ha terminado de recomponer la figura del anfitrión para mañana.

No ha convencido el Betis en cinco de sus seis partidos en Heliópolis: Valladolid (1-2), Leganés (2-1), Getafe (1-1), Eibar (1-1) y Celta (2-1). Sólo ante el Levante el bético quedó satisfecho de veras del juego de los suyos. De ahí lo oportuno de la campanada en Chamartín. Todos los jugadores resaltaban la mayor “confianza” que ahora atesoran.

También jugará el Betis ya sin la losa de tantísimas temporadas sin ganar al vecino en el Villamarín. Ese gol de Joaquín en el último derbi allí zanjó una deuda pendiente durante 12 años. Y esa liberación aligerará también la mente verdiblanca.

Banega, el director de orquesta del Sevilla FC. Banega, el director de orquesta del Sevilla FC.

Banega, el director de orquesta del Sevilla FC. / José Ángel García

El Sevilla vio rota esa racha de visitas puntuando, pero Heliópolis se le da tradicionalmente muy bien (18 derrotas, 16 empates, 14 victorias y casi los mismos goles metidos que encajados, 56 por 60) y tienen claro que la derrota de la pasada Liga estuvo marcada por la segunda amarilla a Roque Mesa, a su juicio injusta, en la muy debatida acción con Pau López, quien, opinan, cometió penalti y debió ver la roja por agresión.

Está claro que el VAR ayuda e impartir justicia, pero no despeja hasta el último atisbo de duda: muchos béticos replican que el gol anulado a Canales en ese partido por fuera de juego era legal.

¿Y la mentalidad del Sevilla de Lopetegui? El equipo juega con enorme personalidad fuera de casa. Lo demostró en sus tres victorias seguidas ante Espanyol, Granada y Alavés e incluso en las derrotas ante Eibar y Barcelona (enormes puestas en escena) y el empate en Valencia. Ocurre que en sus tres últimas salidas, se perdió por el camino. Y eso volverá a intentar el Betis con sus armas y su corazón.

La pizarra

Visto el éxito en el Bernabéu y que además sigue sin disponer de William Carvalho ni Javi García, es de suponer que Rubi mantendrá su defensa de cinco. El único cambio debe reposar en la mayor proyección de los carrileros, Emerson y Álex Moreno, por tratarse de un partido en casa, lo primero, y por el hecho de que el Sevilla padece por los costados, sobre todo por el izquierdo con Reguilón o Escudero. Lo demostró Simeone con su letal retoque en el partido del pasado sábado. Al aficionado bético, que tanto ha sufrido con el esponjoso sistema defensivo de Rubi con cuatro atrás, no le va a molestar que los suyos se parapeten, cierren los caminos a Joel Robles y busquen la salida rápida por fuera, o por dentro con las conducciones de Canales y Fekir. Y tampoco es pésimo el empate, de salida, para seguir fraguando el proyecto.

En el Sevilla, la vuelta de Fernando, la pieza clave de su engranaje defensivo, coincidirá con la vuelta al habitual 4-3-3 que ordena Julen Lopetegui, después de su inopinado esquema de tres centrales que tanto se le atragantó de salida al Atlético de Madrid. Una duda estriba en el extremo izquierdo –la otra es De Jong o Chicharito–, pero el ritmo y el control de Óliver Torres lo ponen por delante de Nolito. El extremeño teje juego por dentro y en la mediapunta, una demarcación en la que no le sobran especialistas a los sevillistas, que van a buscar el balón, llevar la iniciativa. Lo hicieron, de salida, hasta en el Camp Nou.

El balón rodando

El Sevilla de Lopetegui pretende hacerse grande con una rápida circulación del balón en busca de profundidad y una ordenada y eficaz presión tras pérdida. En sus seis desplazamientos, lo logró a ratos. En todos hubo momentos de fútbol avasallador y momentos de bloqueo. Por ahora, su intensidad y mando es discontinuo.

Enfrente, aguardará un Betis que tampoco ha sido capaz de sostener 90 minutos de control y dominio de la situación –con la pelota o sin ella– en sus seis partidos en Heliópolis. Ni contra el Levante siquiera, a pesar de que convenciera al fin a los suyos, ya que la primera parte estuvo trufada de errores.

Los béticos como locales y los sevillistas como visitantes describen idas y venidas, vaivenes. Los verdiblancos, sobre todo, por su endeblez defensiva, pero el nivel atrás tras su cambio de dibujo en Madrid –Mandi y Sidnei son mucho mejores en zaga de tres centrales– alimenta la esperanza de su gente cara a mañana. Repetir el balance defensivo será para ellos la premisa para tratar de sacar un buen resultado ante un Sevilla que ha jugado bastante mejor hasta ahora, pero al que se le va por el sumidero buena parte de su creación en la medular por sus tibias llegadas... y sus escasos llegadores.

El balón parado

Ambos comparten sus dudas cuando el rival bota un saque de esquina o una falta indirecta. Y encima, enfrente tendrán a gente avezada en el golpeo, como Canales o Guardado de una parte y Jordán o Banega de otra. En estos partidos tan inciertos, en el que los miocardios se desbocan y la víscera juega tanto como el talento, abundan las infracciones y el balón parado cobra aún más relevancia. El Betis ha padecido en las marcas, pero con tres centrales, que serán cuatro en la estrategia con Barta, es de suponer que paliarán ese defecto; y el Sevilla, aún debe ajustar esa defensa zonal, como se vio en Mestalla con el gol de Sobrino. Ojo a la pelota parada.

La experiencia

Si a Rubi y a Lopetegui no les llega una revelación divina la próxima noche mientras duermen, los equipos iniciales están cantados. Y ahí, los béticos conocen mejor el percal del derbi sevillano que los sevillistas. Mandi, Feddal y Sidnei ya formaron el trío de centrales en el precedente más cercano, en Nervión (3-2), también jugaron allí como titulares de mañana, como Emerson, Canales y Guardado, y estarán disponibles los tres que salieron de suplentes, Joaquín, Tello y Loren; faltarán Pau López, Júnior, William Carvalho, Lo Celso y Jesé.

Del lado sevillista, sólo tres hombres conocen a qué sabe un derbi: Vaclik, Banega y Jesús Navas. Tendrán que abrirles los ojos a los demás... con la ayuda de Monchi y Caparrós.

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