El otro partido Real Sociedad-Betis La hierba, el reflejo de los despachos

  • El Betis muestra en San Sebastián las carencias de la planificación deportiva de un proyecto que sigue navegando sin faro en la mediocridad

Canales dialoga con Borja Iglesias tras el gol de Willian José. Canales dialoga con Borja Iglesias tras el gol de Willian José.

Canales dialoga con Borja Iglesias tras el gol de Willian José. / Javier Etxezarreta / Efe (San Sebastián)

Todo era felicidad en verano en el Betis hasta que empezó a rodar la pelota, ésa que cuando habla fulmina el mundo virtual que se instala en Heliópolis por esas fechas fruto de la falta de conocimiento futbolístico de los que gobiernan la entidad verdiblanca. Ahí radica el principal problema, en esa ausencia de sapiencia futbolera que, tras nueve jornadas, fruto de una planificación con innumerables carencias, tiene al Betis en puestos de descenso, en una película que ya se vio en anteriores épocas en Heliópolis y que el miedo al final de la misma revuelve las entrañas al que siente en verde y blanco.

El Betis actual es en la hierba el reflejo de los despachos, con una planificación que tiene su mayor error en el centro del campo. Sin pivote, sin futbolistas con perfiles defensivos que muerdan, que recuperen balones, con un escalón por debajo en el nivel de la portería, con una política de renovaciones que deja mucho que desear, con un entrenador, Rubi, que no tiene nada que ver con el estilo continuista que pregonaba la cúpula dirigente... Y, sobre todo, la marcha de Lorenzo Serra Ferrer, cuya figura, como dato objetivo, ha estado ligada al éxito cada vez que estuvo en el Betis. Su salida fue impopular y sólo unos valientes protestaron tal decisión, que se justificó como por el bien de la entidad. De momento, los resultados, nueves jornadas después, reflejan lo contrario: mediocridad.

Y ya el Betis no tiene excusas. Un día era el VAR, otro cualquier decisión arbitral, que el rival se ponía por delante en el marcador, cosa que ayer no pasó, y así justificaciones para defender lo indefendible: el Betis no transmite nada. Rubi no ha dado con la tecla, apenas se nota la mano del entrenador, pero el técnico de Vilasar de Mar, también con esa soledad que viven los entrenadores y rodeado siempre del runrún de la añoranza a la figura de Quique Setién, podría acabar siendo otra víctima más de un proyecto que carece de un referente, de un faro, ése que necesita cualquier barco futbolístico para no acabar chocando con las rocas.

Y no le bastó al bético contemplar lo que su equipo hacía sobre la hierba cuando las cámaras enfocaron al palco y allí ni el presidente ni el vicepresidente habían hecho acto de presencia en una cita que llegó después de dos semanas de un largo parón y en la que Betis se jugaba muchísimo, ya que de la misma regresó a Sevilla ocupando plaza de descenso, con la figura de Rubi cada vez más cuestionada, con la necesidad de enmendar en invierno los fallos de planificación, y, sobre todo, con la falta de ese hombre de fútbol que empatice con el aficionado de a pie. La hierba, como reflejo de las decisiones de los despachos.

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