Real Betis-Valencia | Directo Otra vida extra para Rubi (2-1)

  • Una falta indirecta de Canales que se hizo directa, en la última jugada, premia el mejor juego de un Betis roto por su entrega

  • Maxi hizo el 0-1, pero Joaquín aplacó los malos rollos pronto

Celebración del segundo gol del Betis Celebración del segundo gol del Betis

Celebración del segundo gol del Betis / Antonio Pizarro

La última bala que había en el tambor del revólver sentenció al Valencia en la ruleta rusa, propició una ola de júbilo en el Benito Villamarín y supuso otra vida extra para Rubi, que le está cogiendo gusto a eso de caminar por el mismísimo borde del desfiladero.

Si ante el Celta fue Fekir, esta vez fue Canales, el niño bonito de Quique Setién, ironías del destino, quien echó una mano al entrenador catalán con un gol que es oro molido. En esa falta en la esquina derecha del ataque bético se concentraba la última opción. La pudo sacar el diestro Joaquín abierta, buscando una cabeza, pero fue el zurdo Canales quien la ejecutó con el efecto contrario, hacia dentro. La parábola se envenenó, Cillessen había dado el paso previo para salir y se la tragó. La pelota entró combada por la escuadra y crujió de alivio y gozo el Villamarín.

No hubiera sido justo que el Betis se hubiera ido a la ducha con un solo punto. Y pudo ser peor, pues Kang In estrelló el balón en el larguero en el minuto 90, seis después de que Fekir hiciera lo propio en la portería contraria. Pero en la ruleta rusa, sí, había una bala escondida en el tambor. Y otra vez que se fue Rubi a la caseta respirando hondo, con la adrenalina a flor de piel.

Esta vez carburó mejor el Betis que pergeñó el catalán. Y eso que los contratiempos se le concentraron uno tras otro en la misma zona, el corazón de la defensa. Primero, Bartra con la baja de última hora. Y durante el partido, los problemas físicos de Edgar y Sidnei. Rubi fue audaz, quizás porque no le quedaba otra, y la fortuna premió su osadía.

La ausencia de Bartra convenció a su entrenador de darle la alternativa a Edgar. El espigadísimo jugador del filial se incrustó entre Mandi y Sidnei para darle una salida aseada al balón y dar el paso adelante en cuanto pudiera para echar una mano a Guardado y Canales en esa sala de máquinas donde el Betis echa de menos músculo y centímetros. El chaval, lejos de arrugarse, se ofreció y desahogó cuando los suyos tenían el cuero y trató de imponer su físico encimando al que recibía de espaldas o cruzándose cuando el Valencia salía.

Así, yendo al corte y derribando a Maxi para evitar un peligroso contragolpe, se ganó el chico la cartulina amarilla. Ocurrió en el minuto 31, supuso la primera amonestación del partido poco después de que los béticos le reclamaran a De Burgos Bengoetxea la reiteración de infracciones de los levantinos y en ese estado de indignación de los locales se coló Ferrán Torres, que dibujó un eslalon de fuera hacia dentro que dejó en evidencia a Álex Moreno y a Sidnei. La pelota, tras rebotar en la mano del central brasileño, le cayó a Maxi Gómez con todo a favor para fusilar a Joel Robles. Y lo hizo el uruguayo para prolongar su buena sintonía con el feudo heliopolitano y, de paso, cargar de electricidad el ambiente del mismo.

No fue justo que el Betis se pusiera por detrás una vez más ante su parroquia, como le ha pasado en todas sus comparecencias de esta Liga salvo el día del Celta. Pero el creciente murmullo de la grada, con el morbo añadido de Lorenzo Serra viéndolo y oyéndolo todo desde un palco privado, apenas duró seis minutos. Los que mediaron entre el 0-1 y el empate. Rubi dispuso un 3-4-2-1, en el que los dos hombres que actuaban de enganche con Loren, Fekir por la derecha y Joaquín por la izquierda, jugaban un papel clave para lanzar a los carrileros en sus subidas. Y como el Valencia salió con su talón de Aquiles en la parte derecha de su zaga, allá que cargó la infantería verdiblanca. Casi todos los intentos fueron por allí. Hasta los que nacían por la derecha: Mandi hizo un perfecto cambio de juego a Álex Moreno, éste llegó una centésima de segundo antes que Jaume Costa y adelantó a Joaquín, que pisó área desde el carril del diez y ejecutó de primeras, con la calidad de crack que atesora, acomodando el interior de su pie derecho. Gol de clase. Y gol providencial.

El Betis había sido mejor hasta el gol de Maxi y volvió a serlo desde el tanto del portuense. De hecho, Fekir pudo poner en ventaja al Betis poco antes del intermedio en un regalo de la defensa valencianista. Cillessen sacó un recio brazo al derechazo cruzado del francés.

Parecía que el Betis superó, con su rápido empate, el temido momento en que la tensión podía estallar. Y de hecho, la segunda parte comenzó con el mismo son. Con Álex Moreno percutiendo una y otra vez, con Joaquín como partenaire de lujo. El portuense puso un caramelo tras un saque en corto que no fue gol de Edgar porque su testarazo se topó con Emerson (52’). Celades no tapó el agujero, Jaume Costa siguió entregado a su suerte, sin apoyos, y Cillessen volvió a sacar la mano ante Álex Moreno (61’).

Lo que no pudo hacer el Valencia, trabar al Betis, lo hicieron las lesiones de Edgar y Sidnei. Cuando el primero se lesionó, Borja Iglesias estaba en la banda para entrar por otro compañero, lo hizo finalmente por él y Rubi prefirió esperar el curso del juego para ver si tirar de Kaptoum o no. Jugó con fuego: Barragán como central diestro, Mandi en la siniestra, Joaquín a la derecha, Pedraza a la izquierda. Y el equipo sin gasolina. Pudo ganar gracias a Fekir, pudo perder por Kang In. Menos mal que esa última bala en el tambor premió al valiente.

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