Modelo farmacéutico · Nuevas perspectivas para la sostenibilidad

Dioscórides se pone las pilas

  • La Cátedra Avenzoar profundiza desde la Universidad de Sevilla en el uso de las TIC aplicadas a la oficina de farmacia para definir una cartera asistencial viable.

Dioscórides es uno de los dioses mayores del panteón donde habita la memoria colectiva de la profesión farmacéutica. Sus aportaciones sobre plantas y sustancias medicinales de su tiempo (siglo I) se compilaron en una farmacopea que fue la base esencial del conocimiento de los boticarios hasta el siglo XVII. La herramienta maestra para trabajar. El manual para poner en valor en términos prácticos, que se diría hoy, el acervo de la profesión. Los datos esenciales. La información fundamental. Los farmacéuticos de hoy vuelven a necesitar ese enfoque más que nunca: les va en ello su enésima (quizá penúltima) y obligada estrategia de adaptación. El espíritu curioso, paciente y metódico de Dioscórides regresa. Hoy, de la mano de las TIC. Un ejemplo de ello es la Cátedra Avenzoar de la Universidad Hispalense, impulsada desde la fundación farmacéutica del mismo nombre (nacida del Colegio Oficial de Farmacéuticos de Sevilla) y centrada en las aportaciones de estas tecnologías a la gestión cotidiana de la oficina de farmacia.

El martes tuvo lugar la puesta de largo de la Cátedra, arropada entre otros representantes profesionales y académicos por la presidenta del Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos, Carmen Peña; el presidente de la institución colegial sevillana, Manuel Pérez; el de la Fundación Avenzoar, José Antonio Neto; el director de la Cátedra y catedrático de Farmacia Antonio Rabasco; el primum inter pares, podría decirse, del grupo de 11 investigadores implicados en el proyecto y vicepresidente del Colegio de Sevilla, Manuel Ojeda; y José Rocillo, director general del Territorio Sur de Telefónica, que compartió perspectivas y puntos de vista en una mesa redonda con Carmen Peña y Manuel Ojeda.

Peña dejó claro en su exposición que sabía dónde estaba y qué mensaje quería trasladar: hablar de las ventajas de las TIC a los boticarios de la comunidad autónoma que cuenta con la receta electrónica más avanzada de España es como explicarle a Noé en qué consiste la lluvia. O quizá no. Porque, además de expresar su "reconocimiento" a ese papel anticipado de la farmacia andaluza, su máxima representante institucional en España no dejó de aludir a las repercusiones de la crisis sobre el sector y a las dificultades de los farmacéuticos para hacer visible su aportación, más allá del retorno económico, al cuidado de la salud de la ciudadanía. Sí, Peña recordó que las TIC ayudan al seguimiento de enfermedades, a trazar el recorrido de los medicamentos hasta el consumidor final, a implantar una gestión eficiente de la facturación de la farmacia. Pero fue más allá al plantear el valor de las nuevas tecnologías "para evaluar e investigar en los servicios que podemos dar". Una suerte de "I+D+i asistencial" que, si consigue evitar ser percibida por las amplias y somnolientas clases medias de la comunidad farmacéutica como una especie de moda para boticarios frikis, puede suponer la apertura de un nuevo horizonte de viabilidad para las boticas, que hoy viven de un negocio -el del margen sobre los precios de los medicamentos- que emite señales inequívocas de empezar a estar agotado.

Rocillo, como directivo de una compañía de servicios de telecomunicaciones apoyó, desde su perspectiva, este planteamiento. Repasó unos datos que son ya clásicos para el público interesado en la vida en internet pero quizá desconocidos para quienes aún puedan percibir que la red es un territorio oscuro poblado por ladrones de contraseñas y otros malhechores de toda laya; o sea, 23 millones de españoles, que son los usuarios habituales de internet en el país. Rocillo destacó, entre otros datos que aliñaron su elogio sobre las posibilidades que abren las TIC aplicadas a cualquier campo profesional, el hecho de que el 65% de los internautas supera los 45 años: es el segmento demográfico donde se concentra la población con poder adquisitivo real. Y ese segmento va creciendo año a año. Ahí hay mercado. Ahí hay negocio. Pero no todo van a ser, como dijo Rocillo, "planteamientos fenicios": en un contexto donde casi la mitad de los internautas buscan en la red información sobre sus propios problemas de salud, las TIC aplicadas a este ámbito son una "fuente de eficiencia" que puede dotar de actividad y sentido a las farmacias en proyectos de teleconsulta o de logística de servicios de salud mediados por estas tecnologías y sus soportes.

Y Ojeda, uno de los pocos padres acreditados de la receta electrónica andaluza y autor de la primera tesis doctoral en España sobre este asunto. El vicepresidente del Colegio farmacéutico sevillano y uno de los integrantes más activos de la Cátedra Avenzoar resaltó que el objetivo final de este tipo de proyectos es, debe ser, "el enriquecimiento del ejercicio profesional". Para Ojeda, la reorientación de la oficina de farmacia hacia el mundo de los servicios asistenciales es imposible si no hay "almacenamiento de datos, gestión de la información" de todo tipo (farmacológica, clínica, epidemiológica) que se maneja tras el mostrador de la botica pero que, habitualmente, no se utiliza. Se deja escapar. Porque no se registra. Hoy, con las TIC, ya no hay excusas. Ésa es la función esencial de la Cátedra Avenzoar (son ya cinco las tesis doctorales en marcha). Recordar a los boticarios la importancia de registrar, compilar, tratar y analizar la información. Porque ahí hay conocimiento y riqueza por explotar. Recuperar el espíritu del trabajo de Dioscórides, que dio sentido durante siglos al devenir de una profesión.

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