Las redes de la nostalgia

Hay Esperanza

Hay Esperanza Hay Esperanza

Hay Esperanza

El Jueves Santo comenzó en las puertas de las dos Esperanzas de la Madrugá, casi cuando el Miércoles Santo agonizaba en los relojes de la ciudad. Sevilla le hizo una pequeña brecha al ejemplar confinamiento, para llenar de flores las puertas de la Basílica de Nuestra Señora de la Esperanza y de la Capilla de los Marineros, en Triana. Casi todos estos centros de flores eran entregados por mensajería, o por las propias floristerías, aunque hubo quien no entendió este gesto de devoción popular dentro de un estado de alarma.

La calle Pureza se llenaba de flores para perfumar a la Virgen de la Esperanza y al Santísimo Cristo de las Tres Caídas. Se podían leer en las cintas de los ramos la procedencia de las ofrendas: petalá Campana, petalá Altozano, capataces y cuadrillas, Hermandad del Baratillo... Así como fotografías, notas con plegarias, oraciones y velas. El fotógrafo Fran Santiago compartía una instantánea espectacular, en la que puede verse un manto de flores en la Capilla de la calle Pureza, a lo largo y ancho de la acera.

Miembros de la U.M.E. rezaron frente a la puerta cerrada de la Capilla de los Marineros, como muestra un vídeo compartido por la cofradía trianera. Lo mismo ocurriría en las puertas de la Basílica de la Macarena.

Juan Duque Oliva proyectaba desde su balcón a la Virgen de la Esperanza Macarena sobre las fachadas de los bloques cercarnos, en una llamativa iniciativa que también se repitió en otros lugares.

Mientras que por un lado se vivía la víspera de la Madrugada del Viernes Santo, Sevilla no olvidó a sus cofradías del Jueves Santo. Un violín sonaba desde un balcón de la calle Feria, haciendo sonar la marcha 'Rosario de Monte-Sión'.

Donaciones de flores en la Capilla de Monte-Sión, la de los Ángeles de los Negritos, o en Santa Catalina, como muestra una fotografía compartida por la Hermandad de la Exaltación.

Cuánta dulzura en el rostro de la Virgen de la Victoria, en una fotografía del archivo de Delgado-Roig, disparada con una Rolleiflex de 6x6 en el año 1965. "Joaquín Delgado-Roig (mi señor padre) junto a mi tío Juan Antonio Balbontín, fotografiando a la Virgen de la Victoria", compartía Antonio Delgado-Roig en su perfil de Twitter. Siguen saliendo esas fotografías de tiempos pasados, en esta Semana Santa construida a base de retales tejidos de recuerdos.

Marta Lorite añoraba un nuevo Jueves Santo de mantillas, como la que luce en una bonita fotografía, que en esta ocasión no pudo pasear por las calles de la ciudad, acudiendo a los santos oficios o visitando los templos de las cofradías del Jueves Santo y Viernes de Madrugá.

El productor sevillano Antonio Casado, decía sentirse "cerca y lejos" al mismo tiempo, de los amantísimos titulares de su cofradía de Pasión, cuya misa puso seguirse vía streaming, como así lo han hecho a lo largo de la Semana Santa otras tantas hermandades, que han apostado por esta herramienta digital.

En San Lorenzo, la soledad y el silencio se apoderaban del entorno de la Basílica de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder. Hasta ese lugar debieron llegar los armaos de la Legión III, con sus plumas blancas, como recordaba Manuel Sánchez en sus redes sociales: "¡Añoranza!".

Sólo nos quedaron los balcones, las velas en los guardabrisas esperando una Semana Santa que nunca paseará en procesión, y las saetas que Álex Ortiz le canta al aire de los días que se irán para no regresar ni en el peor recuerdo.

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