Soñando despierto

Jornada de ensueño por el Arenal

  • Miércoles Santo Amanece el cuarto día, ya cruza su ecuador la Semana Santa y en este día se programa que procesionen San Bernardo y el Baratillo, las dos cofradías toreras

Reverbera el Arenal en tarde Miércoles Santo y se apiña en torno a la Piedad con el Hijo ya muerto en sus brazos. Reverbera el Arenal en tarde Miércoles Santo y se apiña en torno a la Piedad con el Hijo ya muerto en sus brazos.

Reverbera el Arenal en tarde Miércoles Santo y se apiña en torno a la Piedad con el Hijo ya muerto en sus brazos. / D. S.

ESTAMOS atravesando el ecuador de la Pasión según Sevilla y en este Miércoles Santo hay dos circunstancias muy principales, la del recuerdo por una cita anual de reencuentros y el carácter taurino de dos de sus hermandades. La nueva ordenación urbanística que se produjo en el 92 en esta ciudad llamada Sevilla y que se pensaba vestir de Jerusalén de domingo a domingo hizo que este día cuarto de la gran celebración fuese la del reencuentro en el barrio muerto. Hasta entonces, el Miércoles Santo era el día en que los antiguos vecinos de San Bernardo volvían al barrio para reunirse con sus amigos de toda la vida al conjuro del Cristo de la Salud y de la Virgen del Refugio. Pero aunque siguen reencontrándose, ya no es en un barrio muerto, sino muy vivo, como corresponde a su ubicación en una zona de la ciudad rehabilitada y pujante.

Es esta cuarta singladura de la Pasión según Sevilla una especie de paso del ecuador, como la línea por donde se pliegan dos partes iguales de la Semana Santa. Es un día donde ganan por mayoría las cofradías intramuros, pues de fuera de la muralla sólo arriban la muy tradicional de San Bernardo y la moderna del Cristo de la Sed y Nuestra Señora de Consolación, parroquia nervionense de la Concepción, dos pasos y recorrido larguísimo por lugares que, año tras año, va cobrando tradición.

No tiene nada que ver el recorrido maratoniano de La Sed con el de la que fuese cofradía de los toreros. Curro Cúchares, El Tato, los Vázquez… vistieron los hábitos de San Bernardo en un tiempo en que el barrio tenía mucha vida y casi toda al abrigo del matadero. Pero San Bernardo fue muriéndose a chorros y llenándose de un desarraigo que sólo se paliaba en este día, capítulo cuarto de la Pasión según Sevilla. Se despobló San Bernardo literalmente, pero allí quedaron un puñado de fieles que jamás dejaron un solo día del año a su Cristo de la Salud y a la Virgen del Refugio, que hoy refulgirá entre el oro de sus varales.

Era un emocionante reencuentro en el barrio inane que fue y que ahora ha recobrado el pulso para que en este día las vivencias tengan menos carga de nostalgia y más, infinitamente más, de gozo y gusto por lo propio. Formidable la de San Bernardo yendo a Campana con el momento culminante del homenaje en la Alfalfa a aquel hermano muerto bajo sus trabajaderas y extraordinaria vivencia cuando, nueve y media de la noche, ha coronado Mateos Gago y gira hacia San José por Fabiola y Madre de Dios. Es ésta una de las estampas más representativas, uno de esos milagros en que parece que la química puede con la física y lo que parece imposible se hace realidad.

Lo demás de este día es centro, puro centro. Empieza todo con el Carmen Doloroso, sigue el ascetismo franciscano que viene de San Antonio de Padua y que se permite gustarse en su pleitesía a cierto personaje que vive en San Lorenzo y que es el Señor de Sevilla. Y cuando llegue al Duque, por Trajano llegará la Lanzada, una cofradía de centro que tiene sabor de barrio, de su rehabilitado barrio de la Alameda, puro barrio por muy cercano que esté del centro de la ciudad. Pero la Lanzada sabe a pueblo y más que va a saber cuando la Europa y aledaños parecen un pueblo en fiesta así que llega la madrugada y por San Martín no se cabe de gente que acude al rito.

Y junto a esto, la austeridad castellana que llega de San Pedro y que vuelve a San Pedro por el camino más corto, siempre por el camino más corto. También hoy se abre el azahar por San Vicente con la salida de las Siete Palabras y Cardenal Cisneros será reñidero de saetas de la misma forma que cuando esta cofradía lo concentraba todo en un paso y el cante bajaba del mismo sitio que hoy. Todo igual menos la medida, tres pasos en vez de uno, qué se le va a hacer. Y cuando está en flor el azahar de la noche en San Vicente, por San Andrés habrá un gentío esperando el retorno de los Panaderos, que llega gustándose y siempre sobre los pies en loor de multitud.

…y el Baratillo. Cofradía excepcional que ha tenido un empuje tremendo en los últimos años gracias a un grupo de emprendedores a la voz y la constancia de un inquieto abogado que ha sabido conjugar la tenacidad germana paterna con el amor a todo lo nuestro que le llegó por su sanluqueña madre. El Baratillo yendo hacia Campana muy a compás para tener un paseíllo de intensidad y gracia plenas por el Arenal, entrando en él por un Arco del Postigo que se medievaliza más de lo que está al paso de la Piedad. Pero antes, de costero a costero la Caridad por Tomás de Ibarra tras una revirá de ensueño, como de a favor de querencia, según abandona Rodríguez Jurado. Sonará Caridad del Guadalquivir ante la ojiva de lo que fue El Barril, una antigua hospedería que hoy ejerce de vivienda de un conocido tabernero. Esta noche ni se asustan las palomas que anidan en el Arco, sino que quieren verlo todo en primerísima fila de palco. Y cuando todo esto vaya tocando a su fin y el palio de la Virgen de Regla haya superado el dintel de San Andrés, se habrá apagado la fiesta de San Bernardo y estará a punto de amanecer el día más largo, ese día que no tiene solución de continuidad y que atiende por Jueves Santo.

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