Ochenta años y un atardecer: Las Aguas se reencuentra con su historia y vuelve a San Jacinto
Crónica
La cofradía de vuelve a su templo fundacional para iniciar los cultos del 275 aniversario fundacional
En torno a las diez de la noche hacían su entrada en la iglesia el crucificado de Illanes y la Virgen del Mayor Dolor
En imágenes, el traslado de los titulares de Las Aguas a la iglesia de San Jacinto
Mucho ha cambiado desde aquella última vez que, probablemente, nadie recuerda; quizás algún viejo vecino del barrio, abuelo o bisabuelo, de generaciones de cofrades que crecieron ya en San Bartolomé o el Arenal. Pero lo cierto y verdad es que todo resultaba tan familiar, tan propio y tan cercano que una vez más se demuestra que el tiempo es una unidad voluble, volátil, capaz de convertir en un suspiro lo que pudiera parecer una eternidad.
El recuerdo del fuego y de la nada parecía ser un sencillo espejismo reconvertido en belleza y armonía, cuando un sol cálido de septiembre se desangraba por los tejares del Aljarafe y cubría con su piel tibia la lámina del río. Por entonces, la cruz de guía de plata y malva de la Resolana del Arenal ya había dejado atrás tantas cosas que Sevilla les resultaba lejana no solo en lo geográfico; también incluso en lo sentimental. De aquella vieja cofradía solo se nos figuran instantáneas en blanco y negro, tejares quebrados y riberas cuajadas de barcas y sauces, fotogramas que buscábamos reproducir a todo color con otras miradas y otras manos, pero en los labios dos nombres se han mantenido intactos: decir Aguas y Mayor Dolor es decir, en suma, Triana.
Un generoso y nutrido grupo de hermanos abría paso a sus devociones desafiando el calor, aunque los recovecos de la Carretería y la sombra del Pópulo aliviaban ciertamente los rezos y las oraciones. Un reguero de 'padrenuestros' se levantaba por Adriano y, para cuando el cortejo se encaramó al puente, ya se anticipaba la anochecida que se consumó cuando la delicadísima dolorosa remontaba la pendiente del Altozano. A las ocho en punto de la tarde pasado y presente se concentraban en esa panorámica del Cristo de Illanes contemplando, en su robusta y perfecta horizontalidad, la espadaña de San Jacinto, a cuyos muros regresan tantos hermanos para celebrar 275 años de historia. Algún hermano murmuraba en Procurador: "En una nube. Si lo viera mi abuelo..."
Tras visitar el Baratillo, la O o la Estrella, en fotografías para la posteridad, cercanas las diez de la noche, y en el más absoluto de los silencios -ahogados también en lágrimas y en brillo de ilusiones- estos cofrades del Lunes Santo y las Atarazanas, que tantas vicisitudes han atravesado, de algún modo cerraban o reabrían un capítulo indisoluble para con su propia historia. Siquiera por unos días, pero Las Aguas ha vuelto a San Jacinto. Historia de nuestra Semana Santa. Y es tan solo el principio.
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