Las claves del día Suscríbete a nuestra 'newsletter' y recíbela cada mañana de lunes a viernes

La Hiniesta

"Don Alfredo, ¿tiene un pin?"

  • El alcalde presidió la cofradía al ser la Virgen patrona del Ayuntamiento

Iba el alcalde en la procesión de la Hiniesta como un niño con zapatos nuevos. Se despedía el primer edil de la vara de Domingo de Ramos por el relevo en el Ayuntamiento y no quiso dejar pasar la oportunidad de ir regalando pines con el giraldillo y caramelos por doquier. Le faltaban a don Alfredo las estampitas con el puño y la rosa. El público que presenciaba la cofradía le paraba para demandarle una de las codiciadas giraldillas. "Don Alfredo, ¿tiene un pin?", le preguntaban una y otra vez al solicitado alcalde, que repartía su carga con una sonrisa. La misma que a su lado llevaba el portavoz municipal de Partido Popular, Juan Ignacio Zoido que, en vez de pines, repartía saludos a diestra y siniestra.

Un sol de justicia caía a plomo sobre los nazarenos mientras discurrían por las calles Feria y Correduría. Las representaciones de las hermandades de los Javieres y el Carmen Doloroso formaban delante de la parroquia de Omnium Sanctorum, hasta donde llegó el crucificado de la Buena Muerte a los sones más clásicos de Santa María Magdalena de Arahal. Sonidos de los años 80 para un paso exornado de manera exquisita con un monte de claveles rojo sangre de toro, un friso de lirios morados y rosas rojas en las jarras.

La Virgen de la Hiniesta enfilaba Relator desde el Pumarejo acompañada por una multitud de personas que apenas dejaban andar a la presidencia y los acólitos. La Dolorosa, que portaba en su mano izquierda una retama de hiniestas, llevaba la saya salpicada de joyas.

El Sacriiniciaba su particular Semana Santa cantándole a la Virgen desde un balcón situado en la esquina de Relator con San Basilio. Digno de elogio fue el repertorio musical que dispuso la banda de música del Carmen de Salteras por este tramo del recorrido. Spes Nostras, de López Farfán, Virgen de las Aguas, de Santiago Ramos, o Regina Pacis, de Manuel Borrego, fueron algunas de las magníficas composiciones con las que se lucieron los costaleros de los Ariza. El paso se despidió de Omnium Sanctorum con la espadaña del antiguo convento de Montesión recortada en un cielo que a esa hora de la tarde tenía el mismo color que el palio.

Etiquetas

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios