La Campana

La Semana Santa de hoy era esto

  • Termina una Semana Santa completa, en la que se ha visto que la organización depende de la voluntad. Los cruces más conflictivos de la Madrugada se cumplieron con esfuerzo.

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A las nueve de la noche del Jueves Santo, cuando la Virgen del Valle ya había salido en Sevilla, murió Gabriel García Márquez en México DF. Faltaban tres horas para que comenzara una Madrugada de Esperanzas en la Macarena. La vida es así, está llena de casualidades que no tienen absolutamente nada que ver unas con otras, pero que se mezclan y reafirman la creencia de que seguimos vivos, mientras dura. Y así el tiempo, que en los últimos años fue gran destructor, permitió una Semana Santa completa, al menos de Domingo de Ramos a Sábado Santo, desde La Paz a la Soledad. Y se pudo ver lo que hay.

Salieron las cofradías del Martes Santo, después de tres años. Y el Viernes Santo, aunque con nubes grises, permitió ver al Cachorro (y a todas). No es noticia que el buen tiempo facilitara la presencia de mucho público en las calles, repitiéndose escenas propias de la masificación de la década de los 90, en la que hubo tres Semanas Santas seguidas sin lluvia, entre ellas la de 1992 con un Santo Entierro Grande.

La Madrugada estaba en el punto de mira. Y se ha comprobado que se debe tener mucho cuidado con los posibles cambios. No toquéis esa rosa, que es delicada. También tiene espinas, cuyos pinchazos sufren unas cofradías más que otras. Pero ese descontrol controlado que ahora existe puede funcionar al minuto, cuando hay buena voluntad. Tras la entrada de la Macarena en la Campana quedaron dos minutos de adelanto. En la Catedral, entró esta cofradía con cinco minutos de retraso, aproximadamente. La noche se fue relajando en cuanto al estricto cumplimiento horario, sobre todo con la Esperanza de Triana y los Gitanos. Pero también es cierto que entonces los cruces de la Madrugada estaban solucionados.

Uno de los puntos de riesgo es el cruce del Silencio en la calle Trajano, cuando baja por Javier Lasso de la Vega, y debe ralentizar porque pasa la Macarena. Eso permitió una de las estampas visuales de la Madrugada, con Jesús Nazareno en el cruce de Villasís con Laraña cuando el Cristo del Calvario estaba algunos metros más abajo, en la Campana.

En el cruce de Villasís-Laraña-Orfila, la cofradía de Los Gitanos no tuvo tampoco problemas, porque llegó bien dosificada, a su ritmo. La posibilidad de que esta cofradía entre en la carrera oficial desde la Alameda de Hérculeses innecesaria y sólo tendría sentido si la asumiera por una cuestión estética. El punto de fricción con la Macarena, que vuelve por Laraña después de pasar Los Gitanos, es voluntariamente aceptado, por lo que el cambio macareno a la Alfalfa no es imprescindible. Por el contrario, este año el paso de la Esperanza entró en la basílica a las 13:35 y la cruz de guía estaba dentro desde antes de las once de la mañana. Cuando se quiere llegar antes, se llega. Y cuando se quiere llegar después, también.

El gran punto de fricción de la Madrugada está en la Magdalena y Reyes Católicos, donde coinciden tres cofradías entre las cuatro y las cinco de la madrugada. Este año se mantuvo la solución menos mala, que salió razonablemente bien, pese a los parones que padece la Esperanza de Triana y, a continuación, el Gran Poder. La cruz de guía del Calvario (que acortó por Murillo y O'Donnell) entró en la Campana a la hora prevista, por lo que atrás no sucedió nada diferente de lo previsible. Mientras el Calvario entraba en la carrera oficial, la Esperanza de Triana comprimió su cofradía, colocando a los nazarenos de tres en tres y apelotonados. La Macarena, en la carrera oficial, había dispuesto a sus nazarenos de cuatro en cuatro.

No queda bonito, estéticamente, pero no cabe otra. Y, éticamente, resulta que los nazarenos son tratados como si estorbaran, casi como un nazareno/objeto, cuando ellos (y ellas) son quienes mantienen básicamente a sus cofradías. Es un despropósito, pero tenemos esta Semana Santa y parece irresoluble actualmente. La posibilidad de establecer numerus clausus y limitar la salida por antigüedad se planteó, y se descartó, hace más de 20 años. El sufrimiento de muchos nazarenos se notó en varios casos de mareos y desmayos, agravados por la temperatura, más alta de lo habitual en las madrugadas anteriores. Con ellos pasa como con los soldados en las guerras, que son carne de cañón.

El Gran Poder sufrió el parón aen la esquina de Reyes Católicos con la calle Zaragoza, donde debe esperar a que pase la Esperanza de Triana, antes de seguir a Gravina. Aun así, la Virgen del Mayor Dolor y Traspaso entró en su basílica de la plaza de San Lorenzo a las ocho de la mañana. Más retrasado se vio al Calvario por el Postigo y la calle Arfe, por donde esta cofradía pasa como huyendo (con razón), antes de entrar en la calle Castelar, donde el panorama urbano mejora.

La madrugada estuvo llena de momentos para el recuerdo. Es donde más y mejor se experimentan las novedades y tendencias. Entre ellas se observó que la música de cornetas y tambores (cuya avanzadilla de vanguardia es la banda de Tres Caídas de Triana) opta ya claramente por la escenografía rotunda. Las interpretaciones son como un fondo musical para el protagonismo del paso. Combinado con lo que hacen los costaleros, resulta una teatralización, a modo de ópera con música, pero sin voz. Se dirá que, en realidad, esto siempre ha sido así. Pero no tan preparado, ni tan grandilocuente.

En los próximos años, si el tiempo lo permite, se verá si esto es bueno o malo. Dependerá de si creemos en una Semana Santa de verdad, o se monta de cara a la galería, con predominio del espectáculo. Al final, siempre depende de la fe. Y todo lo que se habla o se finge no vale nada al lado de un sentimiento.

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