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Una extranjera en la Carrera Oficial

  • La belleza de los pasos, el ambiente de las calles y las bullas propias de la Semana Grande de Sevilla dejan diferentes emociones en una joven estadounidense.

He oído rumores de lo que pasa durante la Semana Santa, de la gente, de la belleza de los pasos, del caos. Pero pensaba que sería mejor llegar a mi primera Semana Santa sin expectativas, sin una idea fijada.

Es seguro decir que no tenemos nada parecido en Estados Unidos, mi país. Todo el mundo tiene que trabajar durante esta semana, incluso Viernes Santo, los niños van a la escuela, y la vida sigue con toda normalidad, con la excepción del domingo, cuando la gente celebra la Pascua. Por eso, era difícil para mí imaginar a tanta gente celebrando esta fiesta religiosa durante toda la semana con imágenes del Cristo y la Virgen que nunca he visto en las calles de mi ciudad.

El Domingo de Ramos llegó y yo salí arreglada como he oído que la gente va este día. Esto me sorprende también, nunca he visto a todo el mundo tan arreglado y sólo para caminar por las calles. Desde el momento en que salí por la puerta de mi casa noté la diferencia. La cantidad de personas era lo más sorprendente. Mi pequeña plaza, que solía ser tranquila con solo un bar, de repente se convirtió en lo que parecía el lugar más popular del mundo, hasta que llegas a la segunda plaza para verla aún más llena. No hace falta mencionar mi experiencia intentando llegar a la Plaza del Salvador.

Pero seguimos a lo más importante, mi experiencia viendo los pasos. Me encantan. Desde un punto de vista afortunado de una silla al lado de la Catedral –en la Avenida– podía ver todo, y también tenía la experiencia de verlos desde la calle, luchando para llegar adonde quería. Mis partes favoritas incluyeron ver a los nazarenos con sus velas encendidas por la noche, escuchar el silencio cuando pasa una hermandad de silencio, pedir caramelos y estampitas a los nazarenos y ver los costaleros saltar y caminar todos a la misma vez.

Mis sentimientos hacia la Semana Santa van cambiando por cada momento. Cuando estoy viendo un paso me siento enganchada, y sólo quiero ver más. En estos momentos quiero ser una experta de la Semana Santa, ver todos los pasos, saber qué color llevan todos los nazarenos, tener recuerdos de todas con estampitas. Pero intento a llegar a un sitio y después de una hora intentándolo sin tener éxito, quiero que la Semana Santa termine.

Siento algunas veces que es buena cosa que todo el mundo valora a la Semana Santa y los pasos, y que estima tanto a los Cristos y a las Vírgenes. Pero cuando veo a los carros de chucherías y las calles sucias, siento que todo puede ser superficial, que la gente ve los pasos sin pensar en su significado, sin asociarlos con la razón por la cual tenemos una Semana Santa, con la pasión y muerte de Cristo.

Supongo que cuando se habla de la Semana Santa, no puedes sentir sólo una cosa. Aunque a algunas personas no les gusta la fiesta, creo que no se pueden ver los pasos sin admirar su belleza. Y al mismo tiempo, aún el aficionado de la Semana Santa, se puede sentir agobiado en algunos momentos. Todo esto es la Semana Santa. 

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