Cofradias

La hermandad de las dos catedrales

  • Los nazarenos de la Hermandad de las Aguas forman en las Atarazanas, un recinto gótico de siete naves que recuerda a un templo y que eran los astilleros de la ciudad.

Las Atarazanas de Sevilla se llenan una vez al año de vida. Lo hacen cada Lunes Santo cuando acogen, como desde hace diez, a los nazarenos de la Hermandad de las Aguas. Son más de 600 los que forman en las naves de esta catedral civil que se levantó en el siglo XIII para construir barcos y que luego fue sede de la Maestranza de Artillería. Hoy, este lugar que debería ser uno de los referentes de la ciudad, visitado por centenares de turistas, "puesto en valor", horrible expresión que tanto gusta a los políticos, pasa sin pena ni gloria por el desdén de las administraciones. Sólo el Lunes Santo cobra de nuevo un sentido.

En el atrio de entrada desde la calle Temprado ya se percibe el estado de abandono del gótico edificio. Varias de las palmeras tienen todos los síntomas de padecer la plaga del picudo rojo que tan asolada tiene la ciudad. Varias personas controlan el acceso al interior. Papeletas en mano, los nazarenos van entrando. "Las pulseras, el reloj...", advierte una de las controladoras dispuestas por una hermandad que vigila al máximo la indumentaria de sus nazarenos. Otras muchas deberían tomar nota.

En esta catedral el suelo no es de valioso mármol. Varias macetas con geranios adornan el enorme espacio cubierto de albero. Siete son las naves. En la central es donde forman los nazarenos. A la izquierda están los penitentes y dos servicios químicos donde los hermanos se alivian antes de salir. Fuera de la segunda cancela están las paveras con los nazarenos más pequeños. La hermandad ha repartido este año 881 papeletas. De ellas, alrededor de 620 corresponden a hermanos con cirios. Todos salen desde las Atarazanas, salvo la cruz de guía con sus acompañantes, las presidencias de los pasos y las bocinas, que permanecen en la capilla del Rosario, en la que apenas caben los dos pasos de la cofradía. Guillermo Vázquez Consuegra, afamado arquitecto que va a rehabilitar el inmueble por encargo de La Caixa, no ha querido perderse la estampa y observa con detalle cómo se va formando la cofradía.

A los nazarenos de las Aguas y del Baratillo, además del barrio del Arenal, les une el albero que embellece el bajo de las túnicas. Uno de la Maestranza, otro de la Atarazanas. El trasiego de personas provoca una polvareda más propia de un día Feria que de una cofradía saliendo. Algunos de los hermanos se pierde bajo las naves góticas con el teléfono móvil en una mano y el capirote en la otra. En uno de los laterales termina una misa en la que participan un nutrido grupo de nazarenos. No sólo las naves, los arcos, o las bóvedas recuerdan a una catedral. Los en los vanos de las paredes podrían perfectamente colocarse varios retablos. "Si se excavara en el suelo se vería la auténtica dimensión de este edificio. Otra montaña hueca. Una catedral.

Llega la hora de la salida. Los diputados ordenan los tramos que empiezan a dirigirse hacia a la capilla. Entrarán por una de las rejas, atravesarán el atrio y saldrán por el acceso principal. Mientras, continúa el trasiego en las Atarazanas. Los últimos costaleros se hacen la ropa y alguna que otra foto. Una pavera retrata a sus niños. Sale la representación de las Hermandad de las Aguas de Cádiz, que este año viene invitada. Uno de sus miembros se sacude el albero de la túnica oscura. "La verdad que es curioso formar aquí", responde. De las 17 naves que tenían las Atarazanas en su origen sólo quedan siete. Cuesta trabajo imaginarse la inmensidad de un edificio que ocupaba toda una manzana. Bajo las bóvedas de aristas de esta enorme construcción gótico-mudejar forman los más de 600 nazarenos de las Aguas desde hace 10 años. Es la primera catedral que pisan estos nazarenos. Puede ser el de este lunes el último Lunes Santo que puedan salir de allí si la rehabilitación se realiza próximamente. Será bueno para la ciudad, aunque la hermandad de la calle Dos de Mayo tendrá que buscar una nueva ubicación para que su cuerpo de nazarenos pueda organizarse antes de salir hacia la Catedral.

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