A pie de calle con... Encarnación Martínez

La ilusión de una nazarena

  • Es hermana de Jesús Despojado desde la adolescencia y también profesa gran devoción a San Bernardo por tradición familiar.

Encarnación Martínez es de esas niñas que se hizo hermana de una cofradía para cumplir una ilusión: salir de nazareno. Con hondas raíces familiares en San Bernardo, a cuya cofradía profesa una gran devoción, se apuntó a Jesús Despojado, cuando tenía 15 años, para realizar su sueño. Fueron sus dos hermanos mayores los que le descubrieron el encanto de la cofradía de Molviedro. A ambos les entró el gusanillo por salir de costalero y en Jesús Despojado les dieron un sitio. El primer trabajo. "Yo me llevo 10 años con mi hermano mayor y así es como me empiezo a vincular a la hermandad. Ellos tenían 16 ó 17 años cuando entraron. Cuando aprobaron la salida de las hermanas ya me apunté para poder salir. Era mi ilusión". Aquella primera Semana Santa fue en el primer tramo de la Virgen. "Miraba para adelante y veía al Cristo. Y si lo hacía para atrás veía a la Virgen. Allí me quedé. Ya en los últimos años he salido en el último tramo de la Virgen". Reconoce que siente una especial predilección por la Virgen de los Dolores y Misericordia.

Formó parta de las filas de nazarenos de la cofradía del Domingo de Ramos hasta que entró en el Grupo Socialista del Ayuntamiento de Sevilla, aunque esto le ha permitido vivir su hermandad desde otra perspectiva. En los años 2007 y 2008 pudo recibir a su hermandad en la presidencia municipal de los palcos de la Plaza de San Francisco. En 2010, la delegada de Fiestas Mayores, Rosamar Prieto-Castro, tuvo el detalle de cederle, además, el sillón central: "Fue algo muy emocionante. Además, un hermano siempre me llevaba una flor del paso de palio". Sus responsabilidades municipales y dos embarazos le han imposibilitado seguir saliendo de nazarena en su hermandad, aunque asegura que volverá a hacerlo: "Por supuesto. Tengo muchas ganas de volver a salir de nazarena. Cuando mis niñas sean más grandes lo volveré a hacer".

Por su familia materna también está muy vinculada a San Bernardo. Ella no es hermana, aunque sus hermanos sí lo son. Desde pequeña ha vivido con intensidad el Miércoles Santo. "Siempre íbamos a verla al puente, a la Alfalfa...". A esta plaza le gusta volver cada año para ver el paso de las cofradías: "Allí siempre se lucen mucho". Allí siempre vuelve para ver a San Bernardo antes de irse a los palcos a esperar a la hermandad: "Yo le tengo mucho cariño a la Virgen del Refugio porque lo que vives de pequeño siempre se te queda en la memoria. Los recuerdos permanecen y el cariño es muy especial. Mi hermano iba en el paso de palio de costalero cuando murió José Portal. Siempre vamos a la Alfalfa a verlo".

Siempre le ha gustado mucho la Semana Santa. Es persona de patearse la calle. Desde el Domingo de Ramos al Domingo de Resurrección. A las sillas de su madre sólo iba a coger el bocadillo para reponer fuerzas: "Soy mucho de patearme las calles. Mi marido me dice siempre que hay que ver cómo me conozco el callejero del centro. Si lo conozco es por recorrer las calles en Semana Santa". 

Confiesa que es más de la primera mitad de la Semana Santa que de la segunda. Del Lunes Santo le tiene especial cariño a dos cofradías: el Polígono de San Pablo y San Gonzalo. "He sido cuatro años delegada del distrito San Pablo. Además, viví allí, aunque en el barrio A. Siempre fui a la salida de la cofradía y presidía junto a ellos. Siempre se han portado muy bien conmigo. He ido todos los años menos el pasado, que acababa de dar a luz". En la cofradía del Tardón tiene a sus primos, además de ser otra de sus preferidas: "Además, mi ahijado sale allí. Siempre me ha gustado en la esquina de Rioja. Últimamente voy a verla al barrio".

De sus primeros años de nazarena conserva el recuerdo de cómo el público trataba de identificar a las mujeres: "Nos miraban las manos, los ojos... Yo siempre iba muy bien preparada. Ahora hay cosas que se están dejando de controlar". Desde entonces percibe que el nazareno está perdiendo su lugar fundamental en la Semana Santa: "Creo que se le  está perdiendo el respeto. El último año que salí tuve una mala experiencia. El público no nos respeta. Pasa por dentro de las filas, nos empujan...". A pesar de todos los contratiempos sigue teniendo intacta la ilusión por volver a ponerse la túnica de su hermandad.

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