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Sevilla

Brasil condena a 14 años y medio de cárcel al sargento que trajo cocaína a España

La droga que transportaba el militar brasileño.

La droga que transportaba el militar brasileño. / DGGC

Un tribunal militar condenó este martes a 14 años y seis meses de prisión a un sargento que, en 2019, llevó 37 kilos de cocaína a España en un avión oficial que formaba parte de una comitiva del presidente brasileño, Jair Bolsonaro.

El sargento Manoel Silva Rodrigues fue detenido en el aeropuerto de Sevilla por las fuerzas de seguridad españolas, que hallaron la cocaína en una de sus maletas durante una escala técnica de un avión de la Fuerza Aérea Brasileña, en junio de 2019.

El detenido viajaba en un avión de avanzada que acompañaba como "reserva" al de Bolsonaro, que un día después viajaba hacia Japón para dirigirse a una cumbre del G20 que se celebraba en ese país asiático.

En febrero de 2020 Rodrigues fue condenado a seis años de cárcel por la Justicia de España, donde permanece en prisión hasta ahora y deberá cumplir la totalidad de la pena, antes de ser transferido a una penitenciaría brasileña para que se haga efectiva la sentencia dictada este martes por un tribunal militar.

Durante el juicio en España, el sargento confesó el delito, dijo que había intentado "aprovecharse de su condición de militar" y que la cocaína sería entregada en "un centro comercial" de Sevilla.

La investigación y la cooperación policial entre Brasil y España por este caso llevó a descubrir una red de narcotraficantes que se valía de aviones militares brasileños para enviar droga hacia otros países.

En marzo de 2021, en el marco de esa investigación, las autoridades brasileñas detuvieron a tres miembros de la Fuerza Aérea y a una mujer acusados de complicidad con el sargento detenido en España.

Los arrestados, que aún no han sido juzgados, eran un teniente coronel y de dos suboficiales de la Fuerza Aérea, en tanto que la mujer fue identificada como esposa del sargento Rodrigues.

En la época de la detención del sargento en España, Bolsonaro, capitán de la reserva del Ejército, se mostró indignado, exigió un "castigo severo" y garantizó que su Gobierno no iba a "tolerar esa falta de respeto" al país.

También reconoció que el incidente "perjudicó" la imagen de Brasil y "enlodó" el nombre de las instituciones, aunque recalcó que ese tipo de hechos no son exclusivos de su país, sino que "ocurren en todo el mundo".

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