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Catorce gritos contra la pared

  • Año 2. Segunda Semana Santa sin procesiones en el kilómetro cero de las cofradías. Hace un año, Espadas todavía esperaba que la OMS le convenciera de que no se celebraría la primera

El autor del cartel, Ricardo Suárez, y la consejera de Cultura, Patricia del Pozo, en la presentación de la obra. El autor del cartel, Ricardo Suárez, y la consejera de Cultura, Patricia del Pozo, en la presentación de la obra.

El autor del cartel, Ricardo Suárez, y la consejera de Cultura, Patricia del Pozo, en la presentación de la obra. / JOSÉ ÁNGEL GARCÍA

Un cartel es un grito en la pared, dice el clásico. El cartel de Ricardo Suárez para anunciar el Vía Crucis de la Cuaresma de 2021 son catorce gritos, uno detrás de otro, tantos como las catorce estaciones del Vía Crucis que se inició en la Casa de Pilatos tras el viaje a Tierra Santa de don Fadrique Enríquez de Ribera, marqués de Tarifa y Adelantado Mayor de Andalucía. Este aristócrata se adelantó a las naves de Magallanes porque desde Bornos, en la provincia de Cádiz, salió un año antes, el 24 de noviembre de 1518, para regresar a Sevilla el 20 de octubre de 1520. A Tierra Santa llegó en barco desde Venecia; viajó acompañado de un mayordomo, un capellán y ocho criados. A la vuelta, con escala en las principales ciudades italianas, no sólo se trajo a Sevilla las pautas artísticas del Renacimiento sino que puso los cimientos de la Semana Santa con un Vía Crucis realizado inicialmente en la Casa de Pilatos (este año deberían conmemorarse los cinco siglos del primero) y desde 1529 entre este palacio y el templete de la Cruz del Campo imitando los 997 metros que separaban el Pretorio de Poncio Pilatos del Monte del Calvario. El cartel representa al Cristo de la hermandad de la Corona, que sale en procesión cada Viernes de Dolores, aunque desde hace once meses en Sevilla, en España y en el mundo entero todos los Viernes son de Dolores.

En el grito pregonado de su cartel, Ricardo Suárez evocó sus clases de Filosofía en COU, las enseñanzas de Karl Popper sobre el necesario diálogo entre la ciencia y la fe hermanadas ahora en la lucha contra la pandemia del coronavirus. Un abrazo entre fórmulas y oraciones muy parecido a esa síntesis que el marqués de Tarifa realizó entre las vanguardias artísticas del Renacimiento, arte y ciencia unidos en gigantes como Leonardo o Durero, y la capacidad transformadora del mensaje de Cristo, que nos hizo la señal de la cruz para salvar al mundo.

La vuelta al mundo espiritual del marqués de Tarifa se recordó el año pasado con una misa que en las antiguas caballerizas de la Casa de Pilatos ofició el arzobispo de Sevilla, Juan José Asenjo Pelegrina. Da vértigo encontrar en el folleto entregado por la Fundación Casa Ducal de Medinaceli la fecha de esa celebración. 6 de marzo de 2020. La Casa de Pilatos estaba abarrotada de gente para asistir a esta función conmemorativa del quinto centenario del viaje a Jerusalén, la Expo del marqués de Tarifa. Asenjo ya estaba con la mosca detrás de la oreja y recuerdo que hubo más de uno que se mofaba del arzobispo cuando éste rogaba que tomaran la comunión en la mano y que se dieran la paz con un gesto sin el contacto físico. Dos días después fue 8-M. En Madrid tuvo lugar la multitudinaria manifestación. En un Heliópolis hasta la bandera se disputó el Betis-Madrid, último partido de la Liga con público. Ocho días después del Vía Crucis de Pilatos, el presidente del Gobierno declaraba el estado de alarma. Las catorce estaciones del 14 de marzo. Unos días antes, Miguel Gallardo me regalaba un ejemplar de la reeditada obra del padre Cué Cómo llora Sevilla…. La ciudad lleva casi un año entero llorando con los comercios y bares vacíos y los hospitales llenos.

El día que Ricardo Suárez presentaba su espléndido cartel, una corona y catorce cruces, Monseñor Asenjo presidía el funeral que Sevilla le dedicaba a Juan del Río, el ayamontino que antes de ser arzobispo castrense creó en Sevilla el Servicio de Asistencia Religiosa de la Universidad. La fe y la ciencia hermanadas. Uno de los suyos. Uno de los nuestros. A Del Río también se lo ha llevado el covid. El 6 de marzo de 2020 faltaban tres semanas para el pregón de Julio Cuesta, que hace la estación de penitencia desde el templete de la Cruz del Campo hasta Pilatos. El pregón más largo de la Semana Santa de Sevilla, con todos los visos de durar lo que el viaje del marqués de Tarifa a Tierra Santa.

Todos los asistentes con mascarilla, manteniendo la distancia. Una película de ciencia-ficción en la casa-palacio donde Ridley Scott rodó El reino de los cielos convirtiendo Pilatos en un palacio de Jerusalén en el siglo XII. Entre el público, políticos de partidos diferentes que han vencido el pulso con el bicho: Juan Carlos Cabrera, delegado de Fiestas Mayores, o Jaime Raynaud, ex candidato a la Alcaldía de Sevilla. Hace un año, cuando se presentó el quinto centenario del Vía Crucis, el alcalde de Sevilla todavía esperaba que la Organización Mundial de la Salud le convenciera de que no habría Semana Santa. En penitencia, como no quiere caerse del cartel, Juan Espadas hasta ha aprendido chino.

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